Categorías: Sociedad

“Con una habitación en el CETI me conformo”

Karima y sus hijas buscan una casa de alquiler pero todas sobrepasan el coste total con el que cuentan para todo el mes

Dicen que cuando llegaron los funcionarios del juzgado a materializar el desahucio, las lágrimas de Wisam, que va a cumplir cinco años y una parálisis cerebral impide a su cerebro desarrollarse, comenzaron a empapar su rostro. Al ver la situación, les permitieron residir en la casa una semana más. Después “nos vemos en la calle”, explica Karima desesperada abrazando a sus tres hijas y explicando cómo ha llegado a “una situación que nunca pensé que viviría” y de la que “no encuentro más solución que la de suplicar caridad”. Hace casi 17 años, contrajo matrimonio con su exmarido y entre los dos, juntaron dinero para comprar un piso a su suegro, en pleno corazón de Príncipe Felipe. “No firmamos nada, quién podía imaginar que años después nos haría ésto nuestro suegro”. Hace un año y medio Karima decidió separarse de su marido. Las cosas no funcionaban. Le tenía miedo. “Tiene una esquizofrenia paranoide pero no se medica. Me amenazaba constantemente y no podíamos continuar así, aunque él se había ido de casa y venía cuando quería”. El juez concedió a la madre la guarda y custodia de las hijas y obligó al padre a pasarle 200 euros al mes en concepto de las tres pensiones. “Tiene más ingresos porque trabaja, pero tan sólo declaró lo de la pensión del Imserso”. Enfadado, el suegro decidió actuar exigiendo la casa que les había vendido cuando se casaron “y la justicia le ampara, porque no firmé ningún papel, le entregamos el dinero y punto...y ahora como también es propiedad de mi exmarido, él entra en casa cuando quiere y vivimos en un constante miedo pero al menos es u n techo. El juez también ha dicho que la casa es de mi suegro, pues al ser de Protección Oficial no se podía vender y al no constar en ningún sitio, nos echan a la calle”, explica Karima entre lágrimas. En los Servicios Sociales carecen en la actualidad de alojamientos de urgencia y les han dicho que busquen un alquiler y le ayudan a pagarlo. “No encuentro nada. Todo de 500 euros para arriba y eso es lo único que cobro por la dependencia por mi hija menor”, explica. “Mientras se soluciona, que me den una habitación en el CETI, no me importa, un sitio en el que pueda tener a mis hijas”, pide mientras las vecinas y familiares le ayudan a embalar cajas para el desahucio del lunes. “Nos dijeron que nos sacarían por la fuerza. Mi suegro y mi exmarido no tienen corazón, hasta cortaron la luz y no podía conectar el respirador de Wisam”, lamenta pidiendo caridad mientras su exmarido irrumpe en la casa, le quita a la pequeña de sus brazos y les grita que se vayan.

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