Categorías: Opinión

Comparaciones odiosas

Arde el tema de Gibraltar. No parece fácil la salida que pesa sobre la problemática que genera la última colonia en Europa. La abulia, el conformismo y las reiteradas cesiones a cambio de nada, especialmente durante el gobierno de Zapatero, han sido evidentes y funestas. Moratinos, como un santo a lo Luís Gonzaga, bien merecería una estatua en la Roca, dirían algunos llanitos.
Con un Gibraltar floreciente, ajeno a la crisis, sin IVA, impuesto de sociedades, IPRF superreducido cual paraíso fiscal, con sus 30.000 sociedades implantadas y en continuo crecimiento, el río de oro del contrabando de tabaco, las más de 20 empresas de juego online, entre otras muchas perlas… ¿Y ahora quién le pone el cascabel al gato? Como aseguraba, orgulloso, un notable israelita de la Roca en TVE “esto es un auténtico paraíso”. Y tanto que, temeroso ante el despertar de España sobre la cuestión, el primer ministro Picardo se atreviera esta semana a acusarla de crear un “ambiente prebélico”.
Habrá que ver hasta que punto el Gobierno sabrá mantener su firmeza. Soberanía aparte, hay cuestiones ante las que no cabe marcha atrás para poner término al dislate actual de irregularidades tan perjudiciales para nuestro país. Lo triste del asunto es que, en medio de todo este batiburrillo generado, Ceuta y Melilla resulten salpicadas con el ácido de las comparaciones. Chapoteo al que no han dudado en apuntarse los nacionalistas españoles imbuidos en su ceguera e intransigencia como una pieza más de su desafinado y lacerante concierto secesionista.
Lejos de entrar en argumentos histórico - jurídicos evidentes y más que sobradamente conocidos, cualquier parangón con Gibraltar resulta poco menos que odioso. Comenzando por el simple hecho de que ceutíes y melillenses somos españoles de pleno derecho. Lo que no sucede con los llanitos como ingleses. Pero hay circunstancias de menor peso, anecdóticas si se quiere, que diferencian aún más ambas realidades en otros planos.
Cuando en 1982 se abrió la Verja Gibraltar era una plaza estrangulada económicamente, compungida y anclada en el tiempo. Actualmente tiene la cuarta renta per cápita más alta del mundo y urbanísticamente es otra ciudad. Por contra, el declive de Ceuta comenzó aquel año, y sobre ella se plantean hoy las más serias incertidumbres económicas, sociales y políticas que hacen ver con preocupación su futuro.
Mientras Gibraltar se enriquece con el contrabando de tabaco, tráfico ilegal que en el último trienio creció en un 213 por ciento lo que ha ocasionado el cierre de diez expendedurías de la Línea, aquí, en cambio, el matute nos hostiga desde Marruecos con el grave perjuicio para nuestros estanqueros.
Los llanitos vienen ganando alegremente terreno al mar a lo que España no sólo no ha venido poniendo el menor reparo sino que ha permitido que tanto la piedra como la arena pasen alegremente por la frontera. Algo impensable en nuestro caso. Primero porque en determinados puntos del litoral ceutí Marruecos se opondría y, segundo, porque por Bab Sebta no se permite el paso ni siquiera de camiones vacíos. Aún más. ¿Alguien concebiría la construcción en Ceuta de una quincena de muelles con sus decenas de edificios y urbanizaciones, mini-rascacielos y un pequeño lago como el polémico proyecto de Catalan Bay ya en marcha?
El juego, que tributa al 1 por ciento, representa el 20 por ciento del PIB de Gibraltar. Fuente de riqueza de la que, históricamente, mucho se habló para Ceuta desde aquellos arcaicos sueños de convertir la fortaleza del Hacho en un gran casino, proyecto que sólo vive ya en la memoria de los más mayores.
Cientos y cientos de personas cruzan diariamente con sus coches la Verja para repostar al otro lado. Aquí, al revés. Muchos ceutíes llenan sus tanques en Marruecos. Al contrario que antaño, cuando veíamos a los marroquíes suministrar a sus vehículos en Ceuta y, en determinados casos, llevándose además garrafas de combustible por las diferencias de precio que existían.
Las gasolineras flotantes de Gibraltar y los bajos impuestos supusieron un duro golpe para nuestro puerto. Si bien en él se practica también el bunkering, éste se efectúa sin esas grandiosas embarcaciones estáticas y de acuerdo con la normativa legal vigente con los depósitos instalados en tierra.
¿Resultaría concebible un Foro Tripartito, España, Marruecos y Ceuta o Melilla, reconociendo a ambas en igualdad para cualquier asunto clave, no digamos en el de una hipotética autodeterminación? O la simple existencia de una aduana comercial para el Tarajal, como en Gibraltar. Y así podríamos seguir en asuntos como pesca, inmigración, seguridad ciudadana, confianza en el futuro, o hasta con regidores proclives a nuestros intereses al otro lado de la frontera como la alcaldesa de La Línea hacia la Roca. Pero tal y como reza la frase proverbial, las comparaciones son odiosas. Y tanto.

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