Opinión

Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando

Cuando sabemos que nos moriremos en unos meses pues la enfermedad es irreversible o la esperanza de vida ya viene marcada por los días del calendario. Cuando no te esperabas el diagnóstico pero las pruebas médicas son concluyentes pues dos facultativos han coincidido en el pronóstico. Cuando la muerte se acerca sigilosa, escondida, invisible y quieres hablar con ella, comienza un viaje sin retorno, desconocido e insondable.

Los seres humanos sabemos de la parca pero creemos que nunca llegará, que nuestro tiempo es eterno, que nuestras posibilidades son infinitas y que tendremos tantas oportunidades como sean necesarias.

No es así, en cuestión de meses volverás a la nada, dejarás de ser tú, desaparecerás sin dejar rastro y el olvido se encargará de borrar la memoria desvanecida en los que te conocieron.

Desmitificar, restar importancia, hablar de la muerte con naturalidad y coraje es una manera de luchar contra el destino final e inapelable.

Yo no creo en ese paraíso imaginario, en el alma inmortal, en la resurrección de los muertos, en el cielo, en el infierno ni en la reencarnación hasta conseguir el nirvana. El nirvana significa el fin del ciclo de muerte y renacimiento.

Alcanzar la conciencia del final puede desencadear un diálogo contigo mismo. En ese monólogo a dos bandas comprenderás asuntos que desconocías: ¿Por qué no te atreviste a ser tú? ¿Por qué te entregaste a los demás para ser aceptado? ¿Por qué no hiciste lo que pudiste hacer? ¿Por qué renunciaste a tus ideales? ¿Por que fuiste absorbido por la masa, por lo cómodo, por lo que se considera correcto?

También hablarás de la felicidad, de lo que amaste, de lo que pudiste hacer por los demás, de lo que te hizo fuerte, lo que te emocionó, las conexiones auténticas con el mundo que has habitado.

Ahora caminas hacia el mar, hacia la lluvia, hacia la tierra que pisas, hacia las estrellas que iluminan la noche aunque desaparecieron hace miles de años.

Nos hacemos filósofos, pensadores libres pues no hay que dar cuentas, ni justificarse ante nadie.

¿Y si hubiéramos sido con la conciencia de sabernos como nos sabemos ahora?

La existencia sería más bella, cada uno de nosotros más nosotros y daríamos un sentido a lo que hacemos. Seríamos una metamorfosis en la que se asume el ciclo vital, la rueda imparable.

Somos espuma de ola, brisa, viento, un rayo en la tormenta, una gota de rocío,

Recordar la levedad del ser es viajar sin tiempo y sin destino. La nada es la tierra prometida que nos espera.

Machado habló de estelas en la mar:

"Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar".

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