La palabra, la herramienta más valiosa y más barata que poseemos los seres humanos, es también a veces la más difícil de usar. Aunque está al alcance de los hablantes de las diferentes lenguas, no siempre solemos apreciarla ni aplicarla de manera adecuada y ventajosa. No somos conscientes de que su uso hábil o torpe retrata nuestra verdadera riqueza o nuestra pobreza humanas: me refiero a los tesoros de nuestros pensamientos, de nuestros deseos y de nuestros temores. A veces no advertimos que está en nuestras manos enriquecer el patrimonio de nuestras palabras aumentando cada día nuestro vocabulario y mejorando las habilidades para expresarnos con mayor precisión y desarrollando las destrezas para comunicarnos con mayor eficiencia.
¿Piensan ustedes que, en la actualidad, gracias a la saturación generada por internet, por la televisión y por los medios publicitarios, estamos mejor preparados para usar las palabras? En mi opinión el culto a la banalidad y la facilidad para utilizar máscaras que disfrazan mentiras oficiales y medias verdades promocionadas por los grupos mediáticos están pulverizando y arrinconando la información y la explicación de hechos relevantes e impidiendo la comunicación fluida y eficiente entre los ciudadanos.
En esta obra, David Pujante rescata los principios, los criterios y las pautas de la Retórica Clásica enriquecidos con las actuales propuestas de las Ciencias Humanas, en especial de la Psicología, Antropología, Sociología y Neurología. Sus propuestas claras y sus oportunas aplicaciones al mundo actual y a las diferentes profesiones nos proporcionan un amplio arsenal de instrumentos para orientar las explicaciones de los profesores de los diferentes niveles de disciplinas académicas y también recursos prácticos para los profesionales de la información y de la comunicación.
Opino que sus explicaciones nos resultan prácticas a todos los que pretendemos hablar y expresar con palabras, con gestos, con actitudes o con comportamientos nuestras sensaciones, nuestras emociones o nuestras ideas y, en resumen, exponer nuestra personal manera de percibir y de vivir la vida y cada uno de los episodios. Sus análisis resultan útiles –a veces imprescindibles- para aprender a escuchar, a oír los sonidos, a percibir los gestos, a descifrar los significados y a identificar sus sentidos. Y, sobre todo, para que el informador y el comunicador estén pendiente –y “dependientes”- de los destinatarios de sus mensajes tratando de ver sus mundos desde sus miradas, desde sus problemas y desde sus vidas. Comunicar es comprender al interlocutor y ponerse en su lugar: es tratar de ver el mundo, la vida, los episodios y los objetos con su mirada. En esto consiste, efectivamente, preparar el discurso aplicando los procedimientos adecuados para lograr una “eficacia” informativa y explicativa clara, y una “eficiencia” comunicativa real. Apoyado en unas nociones clásicas, en unos criterios actuales y en unos análisis científicos, esta obra nos proporciona unas herramientas útiles –imprescindibles- para mejorar nuestras destrezas discursivas, explicativas, persuasivas y, por supuesto, literarias.
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