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Cómo explicar con sencillez asuntos interesantes

Uno de los aciertos de este breve ensayo de Augusto Monterroso sobre Literatura y vida, Madrid, Alianza Editorial, 2025, es la claridad y la sencillez de su lenguaje. En vez de usar la tradicional terminología abstracta, conceptual y oscura de los teóricos del pensamiento, de los lingüistas y de los literatos, nos transmite, con palabras vivas, unas estimulantes ideas que nos despiertan deseos de escribir. Me recuerda a León Tolstói cuando afirmaba que, cuanto más sabio es un ser humano, más sencillo es el lenguaje con el que expresa su pensamiento.

En esta colección de ensayos, en los que Monterroso reflexiona sobre el oficio de escribir, sobre la creación literaria y sobre sus propias experiencias como escritor, pone de manifiesto cómo podemos escribir sobre la vida humana individual y colectiva, sobre la lectura y la escritura, sobre la creación o sobre la crítica literaria, sobre el idioma español o sobre la imaginación y la realidad, siendo originales y, al mismo tiempo, sencillos, amenos e interesantes. Combinando su agudeza intelectual con un fino humor, él recorre los asuntos de sus obras y explica la génesis y el desarrollo de algunos de sus relatos más caracterizadores como, por ejemplo, el microrrelato titulado El dinosauro.

Parte del supuesto de que la literatura nos puede y nos debe acercar y alejar de la realidad, para penetrar en nuestro interior y para contemplarnos desde fuera, para hacernos pensar, sentir, emocionarnos, disfrutar, sufrir, llorar y reír. En mi opinión, en cierta medida, también nos ayuda para que humanicemos nuestras relaciones, aunque a veces la usemos para deshumanizar a la sociedad.

La literatura nos estimula para que nos defendamos de los ataques de la vulgaridad de la sociedad y de la brutalidad de los poderosos, de la ordinariez ambiental y de la crueldad institucional. Recordemos que el origen común y hondo de los géneros literarios nace en la necesidad que la vida humana siente de expresarse o, dicho de una manera más concreta, se origina en el ansia que, a veces experimentamos, de dibujar unos seres que, parecidos o diferentes a nosotros, expresen nuestras recónditas aspiraciones. Durante esta lectura he recordado cómo los asuntos que tienen que ver con nuestras vidas y con nuestros comportamientos tienen su precedente clásico en el “método socrático”, ya descrito por Platón en sus Diálogos, en los que dos interlocutores conversan y discuten en busca de la verdad.

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