
La vida resuelta, puesta sobre el escenario ayer por la compañía de teatro Laruta, llegaba al Auditorio del Revellín con la vitola de ser un valor seguro.
No en vano, el guión había salido de las mismas manos –y del ingenio– que han alimentado millones de carcajadas en series como 7 vidas o Aída. El augurio se cumplió y el público –escaso por esa combinación de la Ceuta semidesierta en fin de semana y la coincidencia de la Procesión del Corpus– se dejó llevar por un argumento sencillo: dos parejas y una madre soltera que se topan frente a frente en una guardería para pelear por la única plaza vacante que queda en el curso siguiente, donde quieren inscribir a su hijo. A partir de ahí, diálogos cruzados, ironía, frescura y, sobre todo, risas. Buenos papeles, buena obra.






