El Sr. Vivas decidió a principios de la pasada legislatura que los plenos dejaban de retransmitirse por la televisión pública: la Asamblea pasaba de tres a cinco partidos y el Partido Popular pasaba de dieciocho a trece diputados. Para él, los plenos dejaban de tener interés televisivo.
Pero ayer, el pleno de la Asamblea de Ceuta fue de interés nacional: protagonista de todos los informativos y de muchos de los debates mañaneros de las televisiones y radios nacionales. Esta vez no era responsabilidad de periodistas que nos visitan para sólo difundir tópicos de nuestra ciudad o para cubrir noticias o desgracias que, por reiteradas, terminan siendo nuestra imagen dominante en el resto del país.
Algunos diputados nos pusieron ayer al nivel de esos parlamentos asiáticos que conocemos por sus broncas, insultos y hasta puñetazos. Todo un espectáculo, entre infantil y barriobajero, que nos podían haber ahorrado. De su mano, nos hemos visto los ceutíes, objeto de toda clase de burlas.
Yo no voté a ninguno de ellos, pero no por eso dejan de representarnos a todos. Y aquí me viene a la cabeza una de esas frasecitas atribuidas a Gandhi sobre la naturaleza de los representantes públicos y de aquéllos que los votaron. La pienso, pero no voy a escribirla por respeto a mis conciudadanos.
En la pasada legislatura no faltaron en la Asamblea situaciones de tensión ni ocasiones en la que alguien perdió los nervios. Es verdad que, entonces, por lo general, sólo era uno el que campaba a su antojo e insultaba de manera sistemática. Todos los demás grupos, dueños de nosotros mismos y conscientes de nuestro papel, nos aguantábamos sin caer en la provocación y si alguien contestó, hay que reconocer que la mayoría de las veces lo hizo con finura.
“Fascistas”, como insulto, ya fue usado en la Asamblea anterior sin necesidad de que Vox estuviera representado. A algunos, que evidencian que no saben lo que significa y les da igual lo que representa, simplemente les resulta fácil de pronunciar. Hay diputados que hacen del show –televisado a ser posible- su seña de identidad y con un exabrupto se hacen –llenos de satisfacción- dueños de la primera página del día siguiente.
La única diferencia parece ser que, en la actual Asamblea, no falta a uno y otro lado quienes los sueltan y también quienes entran al trapo. Unos y otros nos avergüenzan a todos, precisamente porque están ahí en nombre de todos los ceutíes.
En las dos bancadas de la Asamblea actual hay quienes acusan a los de enfrente de intolerantes. Y así, mientras unos pretenden negar la ciudadanía a una parte de la población, otros hacen lo propio y niegan el derecho a existir de los que piensan distinto o, más simplemente aún, votaron distinto.
Desgraciadamente, no fueron suficientes los ceutíes que quisieron un centro templado y razonable en nuestra Asamblea. Hoy, nadie ocupa esa posición y, mientras unos lo lamentan, todos tendremos que padecer su ausencia.
Porque, para desgracia de todos, todo parece indicar que el bochornoso espectáculo de ayer, volverá a repetirse.
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