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El Chocolate (II)

Tradicionalmente los principales productores de cacao eran Ghana y Costa de Marfil que se repartían el 60% de la producción mundial. Sin embargo, en los últimos años una serie de circunstancias han afectado a casi la tercera parte de su producción. Entre las mismas se encuentra el fenómeno del Niño que con la elevación de temperaturas ha originado lluvias torrenciales y periodos de gran sequía. A ello se ha unido la aparición de enfermedades como el hongo de vaina negra que han afectado las cosechas. Los propios árboles habían sufrido el envejecimiento e incluso se producía desforestación con la minería ilegal.

Tanto la ONU como la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, del departamento de Comercio de EEUU) ya han advertido que, ante la dificultad producción y recolección del cacao, en el 2050 podríamos no tener chocolate.

Como consecuencia de la drástica disminución de la oferta se produjo un aumento de los precios del cacao. El momento más alcista ocurrió durante los años 2023 y 2024 donde hubo una elevación del 380%.

El desorbitado precio de cacao, unido al del azúcar, provocó la reacción de los fabricantes de chocolate aumentando los precios y buscando elementos sustitutivos del cacao. En Europa los precios subieron más que en EEUU debido a la prevista aplicación de una regularización antideforestación que no permitía la entrada de materias primas, entre ellas el cacao, procedentes de terrenos deforestados.

Afortunadamente se está produciendo una recuperación de los precios del cacao disminuyendo su elevación. En el 2025 la caída ha sido del 50% aunque comparativamente con los precios existentes antes de la crisis siguen siendo elevados.

Las razones se encuentran en una ligera recuperación en los países productores africanos, pero fundamentalmente en el aumento de la oferta en países iberoamericanos como Ecuador, Brasil, Perú, Venezuela o Colombia por las ganancias esperadas de los agricultores al haberse elevado los precios. También ha afectado la disminución de la demanda de consumo por los altos precios y el retraso en Europa de la normativa antideforestación.

El consumo de cacao se realiza en países diferente a los productores. Los principales son Costa de Marfil, Ghana, Indonesia, Ecuador, Camerún, Nigeria, Brasil, Perú y República Dominicana. La media de consumo mundial se estima en cerca de un kilo anual por habitante. Donde más se consume es en Europa, ocupando el primer lugar Suiza con unos 11 kilos por persona y año, le sigue Alemania con unos 9 kilos. En España el consumo es alrededor de 5 kilos.

Se consumía exclusivamente como una bebida caliente hasta el siglo XIX. Mezclando masa, manteca de cacao y azúcar crearon la forma sólida: el chocolate negro debe tener entre el 55% y el 90% de cacao; el chocolate con leche baja el porcentaje de cacao del 20 % al 40 %; el chocolate blanco no es chocolate ya que no utiliza granos de cacao y solo manteca; el chocolate con almendras o avellanas permite añadir frutos secos y al chocolate con frutas se le adicionan confitadas, secas o enteras. El llamado chocolate dorado se consigue calentando lentamente el chocolate blanco y caramelizándolo. Otras clases en el mercado son: el chocolate ruby, el picante y con especias, el con café, el sin azúcar y el amargo.

Últimamente, se está comercializando un sofisticado chocolate de lujo a base de un cacao de alta calidad, frutos secos tostados y láminas de oro comestible de 24 quilates.

El chocolate negro contiene antioxidantes, magnesio, hierro, teobrina, aumenta la serotonina, es cardio protector y su propio olor estimula ondas cerebrales relajantes. Desde los siglos XVI al XIX se han apreciado en los países europeos propiedades medicinales del chocolate y especialmente su poder de mejorar la digestión. Se han valorado sus propiedades estimulantes, generadoras de euforia e incluso en el aspecto sexual el incremento de la apetencia y los poderes de fertilidad en su consumo. Parece ser, que ciertas investigaciones correlacionan el consumo habitual de chocolate con la disminución de enfermedad cardiovascular y la mortalidad por otras causas. Hace unos años, un estudio difundido por la BBC demostró que derretir chocolate en la boca producía un aumento en la actividad cerebral y el ritmo cardíaco más intenso que el de un beso apasionado y cuatro veces más duradero. También vieron que reforzaba las defensas y compensaba los desequilibrios químicos que ocurren en el sistema nervioso central de los seres humanos cuando se enamoran. Era y es un potente antidepresivo que, entre otras tristezas, ayuda a combatir el desamor.

No obstante, como ocurre en casi todas las cosas de la vida también han aparecido últimamente estudios que han detectado en bastantes marcas de chocolate de consumo popular unos preocupantes niveles de plomo y cadmio. Evidentemente ese tema debería contemplar medidas correctoras en los procesos de fabricación.

Al principio del artículo se ha hecho referencia a las primeras publicaciones sobre el chocolate. Merece a la pena, a título ilustrativo, citar algunas de ellas más actuales con las que, de alguna manera tiene cierta relación.

El célebre escritor inglés Charles Dickens publicó entre 1852 y 1853 su novena novela Bleak House (Casa desolada). En la misma cita el chocolate, a manera de epílogo, con un carácter irónico.

Otras obras que pueden citarse son: Cacao, Jorge Amado (1933); Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl (1964); La guerra del chocolate, Robert Cormier (1974); Chocolate con lluvia, Alice Vieira (1982); Como agua para chocolate, Laura Esquivel (1989); El lobo, el bosque y el hombre nuevo, Senel Paz (1991); Chocolat, Joanne Harris (1999); La verdadera historia del chocolate, Sophie y Michael Coe (2000); Chocolate con veneno, Desiderio Vaquerizo Gil (2009); Chocolate Ward, Deborah Cadbury (2010); Sabor a chocolate, José Carlos Carmona (2017).

En el terreno cinematográfico algunas películas son versiones de obras literarias citadas. En la película The Cheat dirigida por Cecil B. de Mille, en 1915, una mujer utiliza una barra de chocolate para un soborno. En 1939, Victor Fleming dirigió El Mago de Oz en la que, a Judy Garland que interpreta al personaje Dorothy, una bruja mala da una barra de chocolate. La obra de Roald Dahl fue llevada al cine en tres ocasiones: Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate de Mel Stuart en 1971, Charlie y la fábrica de chocolate de Tim Burton en 2005 y recientemente Wonka, de Paul King en 2023. La guerra del chocolate de Keith Gordon en 1988, basada en la novela de Robert Cormier. Como agua para chocolate de Alfonso Arau en 1992, versión de la obra de Laura Esquivel; Fresa y chocolate de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío en 1993 está basada en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo de Senel Paz; Chocolat dirigida por Lassen Hallström en 2000 lleva a la pantalla la novela de Joanne Harris; Bittersweet Chocolate es una película tailandesa de 2014 dirigida por Oompon Kitikamara.

El chocolate tiene su protagonismo en las Bellas Artes, tanto en la pintura como en recreaciones de esculturas. Es habitual en bodegones que representan momentos de la categoría social en las recepciones de las élites burguesas europeas.

A título ilustrativo pueden citarse: Mujer vertiendo chocolate en una mancerina, 1753, del valenciano Félix Lorente, en colección privada; Bodegón con servicio de chocolate y bollos, óleo sobre lienzo de Luis Egidio Meléndez, de 1770, en el Museo del Prado; Interior de una casa en Aragón, óleo sobre tela de Valeriano Domínguez Bécquer, ‒hermano de Gustavo Adolfo‒ de 1866, en el Museo Bellas Artes de Sevilla;El chocolate, aguafuerte sobre papel avitelado,1875, de Juan Closas y Albert en el gabinete de dibujos y estampas del Museo del Prado.

El chocolate, fundamentalmente el templado con 70% de cacao, ha servido de material por diversos artistas que han recreado esculturas y replicas masivas constituyendo lo que se considera un arte efímero

Son destacables algunas de estas creaciones: El Templo maya es una obra de Francesc Mellet y por su monumental tamaño ‒el más grande del mundo‒ posee el récord Guiness de esculturas de chocolate con ocho toneladas del mismo; El tren Winter Games Express, de 55,27 metros es la escultura de chocolate de mayor longitud del mundo, también récord Guiness y fue creada por el pastelero y artista maltés Andrew Farrugia. De menor envergadura, pero por citarla anecdóticamente, el chef francés Amaury Guichon elaboró en cinco días, utilizando solo 30 kilos de chocolate, una reproducción de la Torre Eiffel de 2,4 metros de altura para los Juegos Olímpicos de París en 2024. En nuestro país también pueden contarse algunas de estas originales obras y concretamente en el pueblo cordobés de Rute se elabora y expone un monumental Belén de chocolate durante la Navidad recreando el lugar del nacimiento de Jesús con sus calles, personajes, animales e incluso un rio de caramelo. Se utilizan más de 1.500 kilogramos de chocolate y ocupa unos 50 metros cuadrados de superficie.

El chocolate ha sido y es protagonista en el terreno de la música, inspirando composiciones y géneros musicales. Sin ánimo de ser exhaustivo, porque son numerosas las referencias, merece la pena citar algunas de ellas: Sabes a chocolate de la banda Menudo y versión de AB Quintanilla; Es de chocolate de Xuxa; Candyman de Chistina Aguilera; Like chocolate de María Mena; Bitter chocolate de Elvis Costello o Chocolate de The 1975.

Precisamente relacionado con la música hay que recoger los resultados de investigaciones en la Universidad de Oxford que correlacionan el sonido con la percepción gustativa. El sonido largo y suave de la flauta genera un sabor más dulce y cremoso del chocolate, mientras que las notas disonantes o agudas ‒como las del violín‒ lo hacen más amargoso.

El jerezano Antonio de la Santísima Trinidad Núñez Montoya, afamado cantaor de flamenco, ya fallecido, adoptó como nombre artístico “El Chocolate”.

Alrededor del chocolate pueden citarse numerosos datos curiosos o anecdóticos. Pueden contabilizarse tres fechas que lo homenajean. Hay dos versiones sobre la adopción del 13 de septiembre como Día Internacional del Chocolate. Una de ellas como fecha del nacimiento del escritor británico Roald Dahl autor de Charlie y la fábrica de chocolate. Curiosamente también dicha fecha coincide con la del nacimiento de Milton S. Hershey que fundó una de las empresas de chocolate más grandes del mundo, la compañía Hershey.

La Organización Internacional de Productores de Cacao, en colaboración con países productores, ha impulsado la fecha del 1 de octubre como día Mundial del Cacao.

El 7 de julio, aunque no está identificado claramente el origen de su institucionalización, popularizado por la industria del chocolate se celebra el Día Mundial del Chocolate, parece ser relacionado, aunque no sé su justificación, con la llegada del cacao a Europa.

Es curioso y casi pintoresco un estudio publicado en The New England Journal of Medicine aseverando una relación estrecha entre el consumo de chocolate en un país y los premios Nobel ganados por sus ciudadanos. Lo confirman los autores concluyendo que siendo Suiza el país mayor consumidor de chocolate, presenta un alto índice de laureados con el premio por número de habitantes. Ciertamente ocupan el segundo lugar mundial, superados por Suecia, aunque buscan justificación en cierto favoritismo de los Comité del Nobel al tener la celebración en Estocolmo.

Un episodio entrañable es la confidencia que me hizo una compañera, también profesora de universidad, que me permito relatar con su aquiescencia. Me confesó que de muy niña sentía enorme pasión por el chocolate y tomó la decisión de plantar un trozo de que le daba su madre en la merienda en el patio de su casa y lo regaba todos los días. Sufrió una gran frustración porque de su genuina plantación no surgía el deseado chocolate. Sin embargo, posiblemente de esta primera infantil experiencia surgió la vocación que la llevó a estudiar ingeniería agronómica.

En 1945, el doctor norteamericano Percy Spencer realizaba en su laboratorio unas pruebas con un magnetrón que emitía una serie de ondas magnéticas. Casualmente, el científico portaba en su bolsillo una barrita de chocolate y comprobó que el mismo se estaba derritiendo. Dedujo que posiblemente era debido a las ondas del magnetrón y repitió experimentos con granos de maíz y un huevo comprobando el poder calorífico de dichas emisiones. Las siguientes investigaciones dieron lugar a lo que ahora llamamos horno microondas, aparato doméstico e industrial utilizado ampliamente. Por tanto, indirectamente y de forma casual, el chocolate fue el instrumento inspirador del invento.

En las producciones cinematográficas ha tenido utilización el chocolate para simulaciones, valga como referencia el uso del mismo por Alfred Hitchcock para crear apariencia de sangre en su afamada película Psicosis.

El boxeador nicaragüense Román Alberto “Chocolatito” González, varias veces campeón del mundo, adoptó ese apelativo del usado por su padre Luis “Chocolate” González. El cubano Eligio Saldiñas, ganó el campeonato del mundo en el Madison Square Garden de Nueva York con el apelativo “Kid Chocolate”.

Un caso que merece especial reflexión a la vista de los casos de corrupción millonaria que se están produciendo en nuestro país, es lo sucedido a la ex vicepresidenta sueca Mona Sahlin, en 1974. En la zona de ventas de un aeropuerto se le ocurrió comprar dos barras de chocolate Toblerone y parece ser un vestido por unos 32,12 euros. Su error fue pagarlos con la tarjeta de crédito de alto cargo, que suponían un gasto público para un consumo privado. Por el mal uso de dichos fondos públicos tuvo que presentar la dimisión y ha estado más de una década separada de la política. El caso  alcanzó una amplia repercusión mediática calificadole como Tobleroneaffären. Ciertamente, de forma indirecta, gracias al chocolate se produjo la corrección de un mínimo caso de corrupción. No podemos dejar de sonrojarnos por los millonarios casos de este tipo que casi diariamente se producen en nuestro país. Quizá harían falta toneladas de chocolate.

Creo que es acertado finalizar este artículo con el dicho: “Cuando la vida te da limones, devuélveselos y pídele chocolate”.

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