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Un ceutí sintecho duerme en la carpa de la ONG Luna Blanca

La borrasca Leonardo lleva a la asociación a ayudar a personas sin hogar | Tres ex tutelados descansan en el almacén de su sede

Ante la llegada de la borrasca Leonardo, la administración local recomienda salir de casa solo si es imprescindible. Sin embargo, hay personas que convierten las playas o las calles de Ceuta en sus hogares improvisados. Vecinos que no tienen a dónde ir y que buscan un refugio en el que resguardarse.

Es el caso de varios ceutíes sintecho que sobreviven a estos días de lluvias continuas como buenamente pueden. Los miembros de la ONG Luna Blanca son testigos de esta situación y, en estas jornadas de temporal, extienden una mano con los recursos de los que disponen.

Es por ello por lo que, ante la necesidad de uno de los usuarios que acuden a sus instalaciones, han colocado palets, un colchón y mantas en una zona de la carpa en la que sirven comida caliente.

Garajes y conocidos

La intención es que el varón pueda tener un lugar en el que pasar la noche. “Vino empapado. Tenía hambre. Le dimos ropa nueva y le acondicionamos ese sitio. Otra cosa no podemos hacer”.

Al mismo tiempo que han preparado esta opción, han dado parte de su caso en San Antonio. No han podido ofrecerle una plaza. “Lo hemos apuntado. No es tan sencillo conseguirlo. Hay lista de espera”, asevera.

No lo atienden solo a él en estas semanas. Saben de otros sintecho que se esconden en puentes para no mojarse. Quien puede acude a la ayuda de algún conocido que le ofrece cobijo o entra en un garaje.

Dormir en el almacén

No es el único caso del que han sido testigos estos días. Los voluntarios y trabajadores de la entidad prestan el almacén a tres ex tutelados, menores de edad que han cumplido la mayoría y que, nada más alcanzar los 18, se quedan unos meses en la calle.

Colocan algunos colchones sobre el suelo para que tengan un sitio al que acudir. “Ojalá pudiéramos meterlos a todos ahí”, cuenta Halima Ahmed, portavoz de la asociación. Les resulta más fácil ofrecer este espacio a esos chicos al tratarse de una estancia temporal. “Se sabe que se van a ir”.

Son jóvenes sintecho que se encuentran a la espera de tener la documentación necesaria para partir a la Península. “Están a su suerte durante un tiempo”, explica. La situación la lleva a pensar en el albergue.

Las últimas noticias acerca del interés mostrado por una empresa en el proyecto la llevan a tener esperanza. Espera que llegue a buen puerto. “Sería una facilidad”, menciona.

TECTUM

Son 32 ceutíes sintecho los que se encuentran en esta tesitura. Al menos esta es la cifra que se conoce, número que pertenece a los beneficiarios del programa TECTUM. Aunque a Halima y a sus compañeros que les gustaría ayudar a todos, hacen lo que pueden.

Gracias al proyecto pueden ducharse, recibir ropa limpia y ser atendidos por una enfermera para tener sus necesidades básicas cubiertas. “Hemos repartido mantas y bebidas calientes”, indica.

Al hablar con ellos, expresan que lo que más les urge en días de lluvia “es un techo”. Otra de sus peticiones más frecuentes es acceder a un puesto de trabajo. “Les gustaría ganar dinero para rehacer su vida”, destaca. “Tienen derecho a ello. Son ceutíes”, manifiesta.

Dificultades

Sin embargo, el camino para salir de la invisibilidad del sinhogarismo no siempre es fácil. Parte de los que están en situación de calle sufren adicciones con la dificultad que ello conlleva.

Expone que muchas personas hablan sobre los vecinos sintecho con cierta actitud, pero que solo sus testimonios revelan la verdad. “Es necesario sentarse para hablar con ellos. Cada uno es un mundo. Cada uno tiene su historia. Unas más complejas que otras”, narra.

“Al menos se le da una asistencia integral para que puedan comer, lavar su ropa y recibir curas”, detalla. “Eso es mejor que dejarlos a su suerte”, traslada. A pesar de que tras las precipitaciones y el viento se esconde la dureza de una realidad social, siempre hay un rayo de luz en la oscuridad.

Es el caso de un chico que, tras vivir a la intemperie, ha logrado un empleo y residir en una vivienda. “Tenía formación universitaria. Enviamos su currículum”, relata. No todos corren esa suerte. Otros fallecen en el proceso o recaen.

No son solo puntos finales. No son solo nombres. Son humanos a los que la vida los empujó a la calle por una razón u otra.

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