La embajadora húngara en España, Enikó Gyóri, explica hoy en El Faro cuál es la situación de la inmigración ilegal en su país y las medidas que está adoptando su Gobierno ante este grave problema.
A lo largo de la entrevista, la diplomática justifica las decisiones de Hungría, especialmente la decisión de levantar una valla fronteriza, con las medidas adoptadas por el Ejecutivo español en Ceuta y Melilla. Si ése es el único fruto de su reciente visita a la ciudad caballa, de poco ha servido el viaje, más allá de buscar una fotografía con la que respaldar la construcción del vallado en su país.
Un análisis en profundidad del problema le hubiera permitido llegar a la conclusión de que, en primer lugar, la valla fronteriza no es la solución definitiva. Y en segundo lugar, que a lo sumo sólo sirve para retardar la entrada de inmigrantes o para aminorarla de manera temporal.
El viaje a Ceuta también debería de haberle servido para observar cuáles son las consecuencias de que la Unión Europea haya permanecido de brazos cruzados durante años, de su incapacidad para intervenir de manera eficaz en el origen del problema, que en el caso de la inmigración subsahariana es la miseria e inestabilidad política que sufren los países del África negra y en el caso sirio es la inexistencia de una política exterior común que resulte eficaz y que obligue a todos los miembros a actuar de manera coordinada.
La embajadora también debería ser consciente hoy del desamparo por parte de la UE que en este asunto viene sufriendo desde hace años España, del que probablemente su país también ha sido responsable ya que hasta ahora la inmigración ilegal era un problema que veían muy lejano en el país de Enikó Gyóri. Nadie hubiera imaginado hace un año que Hungría, Ceuta y Melilla iban a estar unidas por ese mismo sentimiento de incomprensión y falta de implicación por parte de la UE.
“Preguntamos en Bruselas si tenían una idea mejor (que levantar la valla) y nadie nos sugirió nada mejor. Nos critican, pero no nos dicen cómo podríamos resolver el problema del control (de la inmigración) de un modo eficiente sin la valla”, se lamenta en El Faro la diplomática húngara. Las autoridades españolas, durante su visita a Ceuta, le podrían haber adelantado que no cabe esperar otra cosa de la UE en este asunto porque en Bruselas todavía no han comprendido que la inmigración ilegal no está resuelta cuando pierde la atención de la prensa y que éste no es un problema de los países periféricos de la UE, sino de todos y, en especial, de los más ricos, que tarde o temprano acaban siendo el destino final de los inmigrantes. Así se ven desde hace años la entradas ilegales en Ceuta y Melilla, y ahora también desde Hungría.
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