Ceuta vende su imagen y está bien. El objetivo no es otro que darse a conocer y, para ello, cualquier apuesta que se lleve a cabo es buena. Los resultados, sean los esperados o no, se verán con el tiempo. Es cuestión de acertar.
En eso, en el turismo, nos movemos en el marco de lo probable, enfrentándonos a una mera apuesta. En el cuidado que se debe tener de la ciudad, no.
Ahí no se puede hablar de subjetividad, sino de ideas claras y serias.
De un tiempo a esta parte me sorprende la actitud del Gobierno. El alcalde parece ensimismado en otros asuntos, el equipo que lo rodea se mira con recelos, más pensando en quiénes serán alternativa a la presidencia que en el cometido encomendado por el que cobran a final de mes.
Eso se nota, los ciudadanos lo notamos, sabemos y sufrimos, porque la acción de la clase política debe estar orientada a lo práctico, no a la guerra interna del poder.
Ceuta vende su imagen al exterior, pero no cuida lo que tiene. Tú no puedes atraer un turismo si no le estás ofreciendo una ciudad mimada y cuidada. No podemos permitirnos tener unos miradores descuidados, llenos de basura y dañados en sus infraestructuras porque nadie los supervisa.
No podemos tener unas calles descuidadas, más allá de estar sucias, porque no son mantenidas como se debe.
Esa es la situación real a la que nos enfrentamos.
El centro cultural Estación de Ferrocarril acogió ayer la presentación de una campaña turística, calificada de moderna y ambiciosa. En ella se ponen todas las expectativas, pero no se debe descuidar la pata realmente importante para que funcione. Ceuta tiene recursos para ofrecer otra imagen bien distinta a la que lamentablemente hoy tenemos en demasiados rincones.
La dejadez pasará factura, que no quepa duda.






