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Ceuta se ‘rompe’... (de mentira)

Los gritos de Rania, presa de un ataque de nervios, se escuchaban desde el principio de la playa Benítez hasta Benzú. Los bomberos ya no sabían cómo tranquilizarla, pero no daban a basto. Varios heridos se repartían a lo largo de 20 ó 30 metros. Algunos pidiendo auxilio. Con sangre en el rostro y la ropa, heridas abiertas en sus extremidades o contusiones. Otros, como Zohair, inconscientes. Su rostro pálido y sus labios amoratados ponían a los profesionales sobre la pista. Tenía que ser uno de los primeros atendidos, pues estaba en parada cardiorespiratoria y su vida corría serio peligro. “¡Una camilla!”; “¡Súbelo!”; “¡Cuida!”. Y, de fondo, los gritos histéricos de Rania que, metida como nadie en su papel de ‘víctima psicológica’, no cesaron hasta que uno de los bomberos la abrazó con todas sus fuerzas para que, por fin, recobrara su estado natural. Y ahí comenzaron las bromas: “Eso es lo que tú andabas buscando, ¿eh? Has sido la más lista. Lo único que querías era un achuchón del bombero...”.
Esta es solo una de las decenas de imágenes que ayer configuraron la puesta en escena del ejercicio de adiestramiento ANUBIS coordinado por Protección Civil de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Un simulacro cuyo objetivo era poner a prueba la coordinación, funcionamiento y capacidad de respuesta de los servicios de emergencias municipales, así como su capacidad de complementariedad con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Unidad Militar de Emergencias (UME) desplazada a nuestra ciudad desde la base sevillana de Morón de la Frontera. Sin olvidar, por supuesto, la importante presencia e involucración de otros organismos como Cruz Roja.
Según los datos oficiales facilitados a última hora de la tarde, la simulación (donde se pudieron ver desde peligrosos rescates verticales o en el interior del laberinto de pasillos y escaleras que configuran el búnker de La Tortuga, hasta rescates de náufragos a punto del ahogamiento o evacuaciones de centros escolares) recreaba un hipotético terremoto con epicentro entre Ceuta y Tetuán y que, en nuestra ciudad, afectaría a más de 3.600 personas y causaría 21 muertos, 240 heridos y 3.411 sin hogar. Por todo ello, además de ponerse a prueba la capacidad de servicios como el Cuerpo de Bomberos, los diferentes equipos de la UME o Cruz Roja (entre otros), también se tuvo en cuenta la atención psicosocial ya que se organizaron la disposición de equipamientos y zonas de albergue. Además, físicamente se llegó a montar uno de esos albergues pensado para 50 personas. “En total se ha recreado la posibilidad de alojamiento de en torno a 3.500 afectados”, rezaba el comunicado oficial.
Sobre el terreno lo más visual se producía en emplazamientos como la playa del Chorrillo o el monte de La Tortuga. Este último sirvió como escenario de hasta tres supuestos diferentes. Quizás el más llamativo, o al menos desconocido e inusual, se llevó a cabo a última hora, al borde de las seis de la tarde. “Eso es lo que llamamos ‘hilo de vida”, exponía uno de los efectivos militares mientras continuaba destensando la cuerda que, no se sabía exactamente dónde, le unía a uno de sus compañeros. Este segundo era uno de los cuatrorescatistas que, en medio de una gran humareda ‘de mentira’  creada a propósito para escenificar un ambiente contaminado y de nula visibilidad, restaba minutos del reloj para localizar y extraer sano y salvo a un operario que se había quedado atrapado  tras el hundimiento de una galería. Y, como si del ‘más difícil todavía’ se tratase, se había producido también un escape de hidrocarburos.
Afortunadamente el ‘hilo de vida’ no se destensó en ningún momento e inmovilizados en una camilla, los efectivos que en ese caso se habían metido en la piel de víctimas, salían del laberinto sanos y salvos. No eran los únicos, pues a lo largo de las diez horas que duraron los diferentes ejercicios fueron decenas los simuladores que lograban ser rescatados gracias a la eficacia de los servicios de Emergencia y las Fuerzas de Seguridad. Y eso que a algunos les tocó repetir. “Ya vale, a mí ya me han rescatado dos veces, aquí estoy ya solo para ver, le verdad es que está siendo divertido, ¿eh?”, bromeaba Bilal aún con su camiseta azul manchada por la ‘sangre’ que le había producido un hierro que se le clavó en el accidente de coche. Luego tuvo la mala fortuna de estar envuelto en el derrumbamiento de un edificio. “¿Ves? Estoy en todas partes”, afirmaba sin parar de sonreír.
Porque las caras serias, las de circunstancias, llegaban en el momento en que el alboroto de las sirenas comenzaba a escucharse en la lejanía. Cada uno debía, entonces, colocarse en su sitio. Y fingir. Del otro lado los profesionales que debían intervenir desconocían el alcance de cada suceso. Ignoraban, por ejemplo, que bajo un montón de escombros en las proximidades del Acuartelamiento García Aldave había un humano atrapado.

“Claro, sí, debe de ser de verdad porque si no el perro no reconoce el olor y no lo marca”, explicaba el brigada Torres segundos después de que Apol, uno de los canes de los Equipos Cinológicos de la UME, indicara que justo en ese lugar había una persona atrapada sin posibilidad de salir por sus propios medios.  A unos metros tres militares de los equipos de Rescate abrían un gran agujero de forma triangular después de, gracias al uso de la ‘SearchCam’ con la que captan imágenes y sonidos a través de pequeños orificios, localizasen el paradero exacto de una persona atrapada en el interior. “Gracias a esas cámaras se sabe dónde está la víctima para realizar el acceso en un lugar donde no le vayan a caer escombros ni vaya a resultar herido”, explicaba Torres. Y mientras se terminaba esa operación, las comunicaciones internas alertaban de un nuevo suceso.
Hasta nueve momentos así se vivieron a lo largo de la jornada. Prácticamente una carrera a contrarreloj que pretendía asemejarse lo más posible a una realidad que, todos coincidían, ojalá no se repita. Porque, por muchos simulacros que se hagan, una tragedia de grandes dimensiones como la planteada por el ANUBIS siempre sería mucho más dura. Los nervios, cuando Ceuta se rompe, existen. Pero si se está rompiendo (de mentira) al final todo concluye con una sonrisa.

¿2.500 personas?

Antes de que me saquen la calculadora, les doy la razón. Sí, ya sé que si sumamos a todos los escolares que ayer participaron en las siete u ocho evacuaciones de sus respectivos colegios, más sus maestros, más los bedeles, más ese largo etcétera con el que podría rellenar todo este espacio, posiblemente los números cuadren. Más de 2.500 personas implicadas en la realización de un gran ejercicio para ponernos a prueba y demostrar a los ceutíes que, si se da el caso (esperemos que no) de vivir en nuestras carnes un terremoto de 7,6º, contamos con los medios necesarios, la preparación y la coordinación óptima para lamentar el menor número de víctimas posible.
Esa era la hipótesis de partida, pero se les olvidó un pequeño detalle. Como desde hace tres días, cuando la consejera Bel nos convocó para transmitir tranquilidad a la ciudadanía y pedirles disculpas anticipadas por las molestias que ocasionaría el ANUBIS, los medios de comunicación habrían de ser ayer, más que nunca, nuestros amigos. Esos que se encargarían de proyectar la imagen extraordinaria y de tranquilidad que queríamos transmitir. Quienes buscarían los mejores encuadres. Quienes estarían en el lugar  indicado en el momento justo.  Pero, de otro lado, todo debía ser secreto y parecer real. Así que, por lo visto, como los periodistas no entendemos de discrección y nos íbamos a dedicar a poner en sobreaviso a los bomberos, a la UME, a la Guardia Civil, a los voluntarios de Cruz Roja (etc, etc, etc...) el listado de ‘sucesos’ se redujo a tres. “¿Cómo les vamos a dar el listado con toda la planificación y ya, que en función de sus intereses, prioricen o se distribuyan el trabajo como les parezca más oportuno?”, pensó quien tomó la decisión. No apunto a nadie.
Desconozco quién lo consideró eso así y, sinceramente, no me importa. Sólo digo que fue un error. Porque quizás a mí me interesaba más ver la reacción de un niño de cinco años al tener que salir precipitadamente de su aula a presenciar tres veces cómo los bomberos, la UME y Cruz Roja excarcelaban a un muchacho. Igual, sólo igual, con una me hubiera bastado. Y así lo mismo no me habría tocado presenciar más de una vez (fueron tres si mal no recuerdo) a los efectivos del 061 abandonando el suceso ‘de mentira’ para atender una emergencia ‘de verdad’. Y eso, cuando estás en lo alto del monte de La Tortuga, toca un poquito la moral, se lo aseguro. ¿Es que nadie lo pensó?

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