Un viernes de fútbol en Ceuta, se enfrentaba a la Real Sociedad B. Tarde-noche de puesta de sol y un fútbol tematizado: tocaba la Jornada Retro de La Liga Hypermotion. Camisetas de corte añejo, balón tematizado, árbitros de aspecto olvidado, un parche con un logo de otros tiempos y unos gráficos en televisión que hacían uno recordar a aquel fútbol en abierto. La fiesta de la nostalgia.
Ambos equipos se medían de guisas similares, blanco y azul y blanco, algo confuso para el espectador de fuera del estadio. A pesar de ello, no empañaba el ambiente de gala, de fiesta del fútbol y de añoranza, todo sea dicho.
Comenzó la lucha. Movían ambos equipos con atrevimiento el balón. Querían caballas y donostiarras el impulso que da el buen fútbol y aventurarse en la búsqueda del gol.
El primer intento fue de Marcos, tuvo un balón que se le quedó atrás e intentó un remate arriesgado, una tijereta, alzándose sobre el suelo dando un momento de mayor estético que de fútbol efectivo.
Más allá de eso, los diez primeros minutos del Ceuta no gozaron de grandes ocasiones ni tampoco del Sanse. Ambos equipos jugaban a un alto ritmo sin lograr una ocasión manifiesta.
La Real B tuvo la primera ocasión que rizó pieles y despertó ‘uys’. Algo retro invadió el espíritu de Mariezkurrena cuando pilló un balón rebotado en el área y lanzó un disparo con una potencia más propia de Satrústegui que de un joven txuriurdin. Dio al paló y desfiló con velocidad por la línea de gol sin llegar a entrar. Susto de primeras.
Tras ese momento, el Ceuta dobló esfuerzos, tenía que convertir al Murube en un fortín y eso pasaba por la confianza, el trabajo y el movimiento rápido del balón. Llegaron unos minutos de presencia a través de centros y presión alta. Se recuperaban balones con intensidad y trabajo, prueba de ello es alguno de Bassinga, que aplaudía Romero.
El Ceuta iba a tener poco después su aproximación más clara de aquel momento, que no acabó en disparo. Tras una secuencia de buen movimiento de balón, algún culebreo de Koné, algún giro de peonza de Marino, se cruzó balón buscando a un Aisar que pisaba área solo. Tristemente, resbaló cómicamente, casi acompañado por un efecto de sonido ‘Looney Tunes’. Se lamentaba el chico de la ciudad autónoma.
Dani Díaz fue quien llevó la voz cantante por parte visitante poco después. Un fuerte latigazo buscando escuadra obligó a volar a Guille Vallejo.
Fue el mismo chico el que buscó sorprender otra vez más al meta burgalés. Corrió como loco, un pequeño demonio de Donosti, y provocó una falta casi en la línea de fondo. En la ejecución disparó a puerta buscando el fallo o despiste de Vallejo sin ángulo alguno. El canterano de la Real estaba siendo un puñal implacable, un fútbol insólito en esa banda del Murube. Ningún visitante había actuado en todo el curso con el mismo descaro que el siete.
Fue el propio chico quien volvió a robar y buscó una vez más a buscar a Guille. En este escondite a toda vista, el jugador rival disparó con fuerza al lateral de la red. Era incombustible el aguante de Díaz.
El Ceuta luego intentó golpear y buscar puerta en una transición. El balón acabó en Bassinga y el marfileño buscó la escuadra pero atrapó sin problemas Egoitz Arana.
Dani Díaz, una vez más, corrió y casi consigue general un gol. Dos para uno, con Diego detrás corriendo hasta desfallecer en el que el txuriurdin encaró a Vallejo y falló en el pase. Respiraba el Ceuta.
Marcos luego en un córner iba a ser salvador, el máximo artífice caballa haciendo labores de zaguero. En un córner con muchos rebotes y muchos sustos, el tarraconense la sacó en la línea de gol.
Así se fue a vestuarios un choque que estaba gozando de juego rápido e intensidad. 0-0 y a buscar más en la segunda mitad.
Comenzó la segunda mitad con un cambio en el esquema. Salía Bassinga y entraba Konrad.
Los primeros intentos del Ceuta fueron conducciones veloces del propio Konrad, de Koné o Aisar que no culminaban en éxito ofensivo.
Tuvo un susto el Ceuta en el minuto 52 de juego. Adelantaron la defensa con un matos que se quedó clavado, despistado, rompiendo el fuera de juego. Así, fácilmente, Gorka Carrera pudo correr y llevar adelante un uno contra uno en el que Guille iba a ser salvador del Ceuta.
Marcos iba a rematar de cabeza poco después, completamente solo, yéndosele alta la bola. Remató muy forzado el catalán.
Guille volvió a hacer de las suyas tras un fallo de los caballas sacando el balón. Youness la perdió (de una manera que tuvo que ser sancionada como falta) y, con la portería y el portero para él, Gorka Carrera volvió a fallar. Vallejo ganó otro duelo más, adivinando la intención y haciendo abajo una parada de más mérito que la previa.
Segundo cambio en Ceuta. Se fue Kuki, que no estaba teniendo su día, y entró José Campaña.
El Sanse se mostraba más confiado y animado para atacar. Es por ello que el Ceuta sufría por la parte que le tocaba. No conseguían los de Romero sentirse cómodos para enarbolar su fútbol y generar peligro.
Por ello entró en el campo Marc Domènech, que volvía de lesión. Se iba Koné.
Acto seguido, el Sanse iba a tener otra ocasión bastante clara. Un centro raso, que dejó atrás Gorka Carrera y Alberto Dadie iba a rematar rozando el palo de la portería de Guille Vallejo.
Llegando al 80, el Ceuta empezó a recuperar terreno, buscando un tanto que revitalizara la situación. Incursiones por banda, truculentas entradas a áreas, que eran repelidas por una defensa vasca que aguantaba.
Llegando al descuento el Sanse tuvo otra. Astiazarán centró y Mikel Rodríguez llegó muy justo y se salvó el Ceuta.
Youness tuvo una magnífica oportunidad poco después. Un balón a la olla, que continuó dejando en el aire Marcos al estilo de volley que remató el de El Palmar a las manos de Arana.
Nada más tuvo el partido, salvo una ocasión en fuera de juego del Sanse que no llegó a mayores. Pitó el colegiado y el Ceuta se queda a un punto de los 50. Un 0-0 en el marcador del Murube.
Y con este resultado finaliza la fiesta de nostalgia. O el negocio de la nostalgia. Que quizá fruto de eso que se reza en La Gran Belleza de Paolo Sorrentino, que ella es “la única distracción que queda a los que no tienen futuro”. Comercio de antigüedades como mercadeo mainstream, en la que se vende la ilusión de un tiempo perdido. El lucro del pasado en tiempos de decadencia, una mina de oro extraído de un recuerdo. Vendiendo flores para esquivar el olor de la peste de La Muerte en Venecia.
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Hoy gracias a G Vallejo, así no, no me gusta lo que veo