No hablamos hoy de derechos humanos, no hablamos de crisis migratoria, no hablamos de acogida, no hablamos del derecho de asilo, no hablamos de seres humanos que buscan oportunidades para mejorar sus vidas.
Hoy nos toca hablar de una Ceuta asediada con miles de inmigrantes que entran sin control por tierra y mar con una frontera desbordada, rota, abierta, indefendible. Policía, Guardia Civil, Salvamento Marítimo, Cruz Roja, voluntarios... nada se puede hacer ante cientos, miles de personas que corren de un lado a otro entre la felicidad, la euforia, el miedo, la inseguridad, el cansancio, la extenuación, la histeria colectiva y el caos de buscar sitios, lugares, refugios improvisados en una ciudad completamente desconocida para ellos.
En Ceuta se aboga por los derechos de todos, pero está vez no queremos que la ciudad sea asolada por el desasosiego, por un descontrol que impide vivir la vida desde la más absoluta normalidad. Comercios, parques públicos, calles, carreteras aparecen ante nosotros en un contexto desconocido inseguro, sin saber qué pasará en las próximas horas.
Por unanimidad, todos los miembros de la Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta han reclamado al Gobierno central el cierre de la frontera y el despliegue del ejército, así como la declaración de la emergencia nacional al amparo de la normativa de seguridad nacional. PP, PSOE, Vox , MDyC y Ceuta Ya! se han puesto de acuerdo, creo que por primera vez en la vida. No es una cuestión de ideología, no es un tema de disparidad de criterios ni de controversias: es Ceuta, los Ceutíes, una ciudad que debe amurallarse por la solidaridad nacional e internacional.
No es de recibo que Marlaska venga “mañana urgentemente” ni que el presidente del Gobierno no convoque un consejo de ministros extraordinario. No vale esconder la cabeza como el avestruz.
El Gobierno justifica que el Sistema de Protección Civil no permite declarar la emergencia nacional en Ceuta. La Constitución Española de 1978 establece en su artículo 116 la regulación de las distintas situaciones de emergencia que pueden afectar al país: ahí enntraría el estado de alarma. Apoyarlo no es ir en contra del gobierno, es buscar la coherencia, el sentido común y el respeto a la ciudadanía. No es un tema de derechas o izquierdas, no vale decir que esto pasa por la regularización masiva de migrantes; es mezquino apelar a las “ consecuencias del efecto llamada”.
La ciudad de Ceuta clama auxilio ante un peligro potencial sin precedentes. Después ya coordinaremos a todos los ministerios que haya que coordinar para resolver situaciones puntuales: menores no acompañados, razones humanitarias, asilados políticos, etc.
Como en las catástrofes de la Dana en Valencia, los incendios, los terremotos, lo sucedido en Caraluña con la Declaración unilateral de la independencia, lo que está sucediendo es una cuestión de Estado.
Quien busque rédito político es un MISERABLE.
Espero que este cañonazo llegue al Palacio de la Moncloa.






