José María Aznar viene a Ceuta para hablar de inmigración. Y nadie puede discutir que la inmigración irregular y la presión sobre nuestra frontera merecen una respuesta firme del Estado.
Lo que sí debemos discutir es desde dónde se habla de inmigración y, sobre todo, a quién se señala como problema.
Porque una cosa es denunciar la inmigración irregular, exigir el control efectivo de nuestras fronteras, reclamar medios para Ceuta y pedir al Gobierno que cumpla con sus obligaciones.
Y otra muy diferente es presentar a los musulmanes o a la inmigración musulmana como un problema por el mero hecho de ser musulmanes.
Si, como se le atribuye al señor Aznar, «la inmigración musulmana es un problema serio porque no quieren integrarse», la afirmación merece una respuesta clara:
¿De qué musulmanes está hablando?
Porque cuando el señor Aznar habla de «inmigración musulmana» como si fuese un bloque homogéneo, parece olvidar que en Ceuta miles de musulmanes no son inmigrantes, no son extranjeros y no tienen que integrarse en ninguna parte.
Son españoles. Son ceutíes. Han nacido aquí. Sus padres y sus abuelos han nacido aquí. Pagan sus impuestos. Trabajan. Estudian. Forman parte de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, de nuestros hospitales, de nuestros comercios, de nuestras empresas y de nuestras instituciones.
Y profesan la religión islámica.
Por eso resulta especialmente desafortunado que alguien que viene a Ceuta a hablar de defensa de nuestra ciudad haya pronunciado declaraciones que pueden ser percibidas como un cuestionamiento del islam o de los musulmanes.
Señor Aznar:
La inmigración irregular no tiene religión.
Una entrada ilegal es una entrada ilegal independientemente de que quien la protagonice sea musulmán, cristiano, ateo o tenga cualquier otra creencia.
Las mafias que trafican con personas no representan al islam.
Los inmigrantes que cruzan irregularmente la frontera no representan a los musulmanes españoles.
Y los musulmanes españoles de Ceuta no tienen absolutamente nada que demostrar sobre su españolidad.
Por eso, si viene usted a Ceuta para hablar de inmigración, hable de inmigración.
Hable de fronteras.
Hable de seguridad.
Hable de devoluciones conforme a la ley.
Hable de medios para la Guardia Civil y la Policía.
Hable de la presión que soporta nuestra ciudad.
Hable de la responsabilidad de Marruecos.
Hable de la responsabilidad del Gobierno de España.
Hable de la responsabilidad de Europa.
Pero no convierta al islam en el problema.
Porque cuando usted señala a «la inmigración musulmana» como problema, no está hablando solamente de quien acaba de cruzar una frontera.
Está hablando también de miles de españoles musulmanes que llevan toda su vida viviendo en Ceuta.
Y ahí es donde su discurso deja de ser una crítica legítima a la inmigración irregular y empieza a afectar directamente a ciudadanos españoles.
Ceuta puede y debe exigir una política migratoria mucho más firme.
Pero también puede exigir algo tan sencillo como esto: que nadie venga a defender Ceuta mientras cuestiona, estigmatiza o mete en el mismo saco a una parte de los ceutíes.
Defender Ceuta significa defender sus fronteras.
Pero también significa defender a todos los ceutíes.
Porque la españolidad de un ceutí no depende de su apellido, de sus antepasados ni de la religión que profese.
La españolidad no tiene credo.
Y Ceuta tampoco.






