Ceuta vive días de una tensión migratoria que no admite más demoras. En apenas diez jornadas, el número de menores extranjeros no acompañados tutelados por la Ciudad se ha disparado de 180 a 472, una cifra que multiplica por dieciséis la capacidad ordinaria de acogida. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con alrededor de 800 personas en su interior y más de 500 esperando fuera, ha dejado de ser un centro de acogida para convertirse en un espacio desbordado donde ya no caben más personas.
A su alrededor ha crecido un campamento improvisado, con mantas como refugio y cartones como colchón, mientras los vecinos de las zonas próximas denuncian noches sin descanso y el temor a que un incendio agrave todavía más la situación.
No es una crisis abstracta ni una cifra más en un informe. Es un drama humano que se libra cada noche en el mar. Familias enteras, mujeres con niños pequeños, jóvenes en neopreno cruzando a nado desde Castillejos: la Guardia Civil, la Marina Real de Marruecos y Salvamento Marítimo trabajan sin descanso para que esas travesías no terminen en tragedia, pero el propio MDyC ha advertido de que estas llegadas extraordinarias “están derivando en el incremento de personas desaparecidas y otras que han perdido la vida en el mar”. Ese es el dato que debería pesar más que cualquier otro en la respuesta que se dé desde las instituciones: no se trata solo de gestionar un flujo migratorio, sino de salvar vidas.
El Gobierno de la Ciudad ha calificado la situación de “extremadamente grave” y ha reclamado al Estado una salida ágil de adultos y menores, más recursos económicos y una aplicación más rápida del Real Decreto-Ley de traslados.
Los sindicatos que trabajan en el CETI -CCOO, UGT FICA y Solidaridad- coinciden en pedir un refuerzo urgente de personal y muchos más medios.
La Confederación Española de Policía habla directamente de colapso y de una plantilla que ya no da más de sí. Y el MDyC reclama algo que parece de sentido común y que, sin embargo, sigue sin existir: un protocolo permanente para contingencias migratorias extraordinarias, pactado entre la Ciudad y el Estado, que no dependa de la improvisación cada vez que la presión se dispara.
Ceuta ha demostrado en cada episodio de este tipo una capacidad de respuesta y de solidaridad que merece ser reconocida. Pero esa capacidad tiene un límite, y todo indica que ya se ha alcanzado.
La ciudad no puede seguir sosteniendo sola, verano tras verano, una responsabilidad que corresponde también, y de forma prioritaria, al Estado y a la Unión Europea.
Hacen falta medios humanos y materiales para la Guardia Civil, la Policía Nacional y el CETI; hace falta una vía ágil para aliviar la presión sobre los menores tutelados; y hace falta, sobre todo, que nadie pierda de vista que detrás de cada cifra hay una persona jugándose la vida en el mar.
La respuesta institucional no puede seguir llegando siempre después de la emergencia. Ceuta necesita que esa respuesta llegue ahora.






