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Ceuta-Marruecos: la frontera de la discordia y el infierno

Las colas colapsan la entrada a la ciudad autónoma

Miles de coches. Todos mezclados: los ‘patera’, los de familias de marroquíes que vienen a comprar, los de turistas… Cientos de porteadores, hombres y mujeres, haciendo cola en la carretera de Marruecos solo para tener una oportunidad de coger tique y entrar a Ceuta. Dentro de casetas de cartones y plásticos, han convertido uno de los arcenes de la carretera de entrada a España en su asentamiento para tener la oportunidad de ganar algo de dinero.

Es la frontera. La línea del infierno de la que tanto se ha hablado y de la que tanto se escribe. El Tarajal, una línea divisoria que soporta este mes de julio una mayor presión entre el regreso de magrebíes como parte de la OPE y quienes quieren aprovechar las últimas jornadas de porteo. La entrada a nuestra ciudad es un auténtico horror. Se tarda más de cuatro horas en el cruce y muchos ni consiguen hacerlo. Los comerciantes del Tarajal protestan porque ven cómo potenciales clientes se quedan al otro lado atrapados, en un particular embudo que tiene consecuencias nefastas.

En el lado marroquí todo se mezcla convirtiendo la zona en un escenario caótico. Coches patera se juntan con motos dedicadas al tráfico de mercancía; usuarios de Ceuta quedan atrapados junto a turistas o compradores del norte de Marruecos. Ellos en vehículos; a pie la mezcla es la misma.

Mujeres que trabajan en hogares de Ceuta y que no están aseguradas esperan desde la madrugada para poder entrar. Algunas lo consiguen, otras se quedan esperando a poder cruzar una línea para ellas clandestina al no estar regularizadas. Pero las que tienen papeles también sufren esta situación porque en Marruecos no hay criba, y terminan mezcladas con las personas que carecen de permisos de trabajo transfronterizos.

La situación se viene repitiendo a diario, las semanas dejan esta imagen que, a modo de foto fija, dibuja un Tarajal complicado de reordenar, con infraestructuras obsoletas, en donde los controles nunca marchan por los mismos cauces. Las retenciones hacen imposible la comunicación entre dos puntos hermanos, rompiéndose incluso las relaciones sociales y de convivencia que formaban parte de la intrahistoria de ceutíes y marroquíes.

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