El Partido Popular intenta vender en Ceuta una imagen de firmeza patriótica y defensa absoluta de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, la realidad desmonta ese discurso cada vez que se revisan sus decisiones políticas y su comportamiento institucional durante los últimos años.
Mientras Alberto Núñez Feijóo golpea mediáticamente a Fernando Grande-Marlaska utilizando la muerte de agentes de la Guardia Civil, en Ceuta el PP de Juan Vivas mantiene una relación de absoluto servilismo con Pedro Sánchez y con el propio ministro del Interior. Una sumisión política disfrazada de institucionalidad que ha llevado al Gobierno local a aceptar, sin apenas oposición, decisiones que afectan directamente a la seguridad fronteriza y a las necesidades materiales de Guardia Civil y Policía Nacional.
El ejemplo más evidente aparece en todas las propuestas relacionadas con la mejora de infraestructuras y refuerzo de medios presentadas por VOX en Ceuta durante los últimos años. Ampliación de espigones, mejoras materiales para los agentes, refuerzo de recursos en frontera, modernización de instalaciones y medidas para reforzar la presión migratoria y el control del perímetro. Iniciativas rechazadas sistemáticamente por el Partido Popular ceutí mientras después se llenan la boca hablando de defensa de las fuerzas de seguridad.
La contradicción resulta todavía más escandalosa cuando se recuerda que el propio Gobierno de Mariano Rajoy evitó ampliar los espigones fronterizos para no incomodar a Marruecos. Esa decisión demuestra hasta qué punto el PP ha practicado exactamente la misma política de subordinación diplomática que ahora denuncia cuando está en la oposición. Mucho patriotismo en los discursos y mucha prudencia cuando Rabat podía molestarse.
El problema del Partido Popular no es únicamente la incoherencia. Es la utilización calculada del dolor y de la tensión fronteriza como herramienta política mientras mantienen posiciones completamente distintas según estén gobernando o haciendo oposición.
Cuando necesitan votos, hablan de firmeza, soberanía y respaldo absoluto a Guardia Civil y Policía Nacional. Cuando gobiernan, aceptan la dependencia de Marruecos, frenan infraestructuras estratégicas y rechazan medidas que podrían reforzar realmente la frontera.
En Ceuta, esa contradicción tiene nombres y apellidos. Juan Vivas lleva años construyendo una política basada en no incomodar al Gobierno central, aunque eso implique asumir decisiones perjudiciales para la ciudad o guardar silencio ante carencias evidentes en seguridad e infraestructuras fronterizas. El resultado es una Ceuta atrapada entre la propaganda nacional del PP y la obediencia institucional de su estructura local.
Mientras tanto, los agentes continúan reclamando más medios, mejores embarcaciones, instalaciones dignas y una estrategia seria contra el narcotráfico y la presión migratoria. Reivindicaciones que no comenzaron ayer y que tampoco pueden resolverse únicamente con declaraciones grandilocuentes cada vez que ocurre una tragedia.
La defensa real de Ceuta y de las fuerzas de seguridad no se mide por el número de ruedas de prensa, ni por las visitas forzadas, ni por los discursos oportunistas pronunciados desde Madrid. Se mide por las decisiones políticas adoptadas cuando toca elegir entre proteger los intereses de España o evitar tensiones con Marruecos.
Y ahí el Partido Popular tiene mucho menos de lo que presumir y mucha miseria política que callar.
Por Juan Sergio Redondo, presidente de Vox Ceuta






