Entre la Ceuta real y la Ceuta decente parece que nos quedamos sin más opciones ante tanto líder político egocéntrico que no se corta a la hora de etiquetar a los ceutíes.
Los decentes, ya se acordarán ustedes, eran los que votaban a Vox. Eso nos contaron en campaña electoral porque todos aquellos que no comulgaban con sus radicales ideas y su proyecto de España formaban parte del otro grupo, el de los indecentes.
Afortunadamente, de acuerdo con los resultados electorales, fuimos más los últimos (según su calificación, claro). Así que el camino fue el acertado.
A esa Ceuta decente a la que Vox pedía ayuda se suma ahora la Ceuta real, la de los “ceutíes de bien” a los que llama el PSOE para lograr el “progreso de Ceuta” y una mejor España.
A mí particularmente me fastidia bastante que alguien se meta en mi casa a dar lecciones de lo que es ser ceutí de bien o integrante de esa Ceuta real. Los mismos radicalismos que exhibe Vox marginando a los caballas en grupos según su afinidad se aplican ahora a estos discursos del PSOE en ese atrevimiento al empleo de las etiquetas.
Siguiendo su juego, quienes rechazan su programa o no gustan de este PSOE en concreto (ojo, que ahí hay una connotación clave porque puedes ser de convicciones socialistas pero no aprobar al que gobierna) no serán ceutíes de bien.
Cada uno votará a quien le plazca y tendrá sus razonamientos para elegir una u otra opción sin que por ello tenga que ser ni etiquetado, ni marginado, ni señalado por ningún partido. No hay mayor soberbia ni por tanto mayor metedura de pata que hacer esas distinciones.
A la clase política no hay que exigirle humildad, la debe tener siempre y más en campaña por mera estrategia -parece que es lo único que les mueve-. Jugar a colocar etiquetas es tan sesgado como erróneo. Si aún no hemos empezado siquiera la campaña quizá dé tiempo a dar un espectáculo menos grotesco aprendiendo de los errores. Es una aspiración pero igual queda solo en eso.






