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Ceuta te da las gracias, Teresa López

No me gusta demasiado escribir sobre mis afectos personales. Prefiero el debate político, la crítica parlamentaria y la confrontación de ideas antes que hablar de sentimientos. Pero hoy haré una excepción. Porque hay personas que, por su trayectoria, por su valentía y por su forma de estar en la vida pública, merecen algo más que el silencio administrativo con el que tantas veces se despide a quienes sí dejaron huella.

Hoy Teresa López ha dejado su acta de diputada. Y creo sinceramente que Ceuta le debe unas palabras de reconocimiento.

Conocí a Teresa cuando llegó a aquel proyecto político que entonces ilusionaba a mucha gente. Llegó de la mano de un gran amigo, en una etapa en la que nadie tenía sillón, nadie tenía despacho y nadie mandaba más de la cuenta. Éramos, en cierto modo, un grupo de inconformistas. Quizá incluso de frikis, dicho con todo el cariño del mundo. Personas muy distintas entre sí, pero unidas por la voluntad de sacudir una política local demasiado acomodada.

Teresa comenzó trabajando en comunicación, prensa y organización. Pero pronto se vio que lo suyo iba mucho más allá. Tenía preparación, capacidad, serenidad y una virtud muy poco común en política: criterio propio.

Después llegó lo que parecía imposible. Teresa López se convirtió en diputada en el Congreso por Ceuta, rompiendo el monopolio histórico de los grandes partidos. Fue, en la práctica, la única persona de la etapa reciente ajena al PP y al PSOE que logró representar a nuestra ciudad en la Cámara Baja. Y no llegó allí para ocupar asiento.

Su trabajo en Madrid fue constante. Sus iniciativas parlamentarias fueron numerosas. Sus intervenciones, rigurosas. Quienes la vimos debatir ya intuíamos lo que vendría desde aquellos actos previos a las elecciones en Ceuta, donde destacaba no por el ruido, sino por la solidez de sus argumentos.

Y hay algo que conviene decir: Teresa se ganó el respeto incluso de quienes no pensaban como ella. Eso no se logra con propaganda. Se logra con educación, con seriedad y con trabajo bien hecho.

En Madrid dejó una gran imagen. En Ceuta también. Entre compañeros, respeto. Entre adversarios, reconocimiento. Incluso entre quienes la combatían políticamente, la incomodidad que siempre genera una rival competente.

Después llegaron tiempos más difíciles. Como ocurre tantas veces, algunos proyectos acaban pareciéndose a aquello que decían combatir. Y ahí es donde se distingue a las personas de convicciones de quienes solo aman el cargo.

Teresa no se puso de perfil. Preguntó. Cuestionó. Dio la cara. No eligió el silencio cómodo.

En lo personal, nunca olvidaré que cuando otros pedían distancia, cuando algunos pretendían aislarme como si discrepar fuese contagioso, Teresa tuvo la decencia humana de acercarse con normalidad. Ese gesto, pequeño para algunos, dice mucho más de una persona que cien discursos.

También tomó decisiones que no suelen abundar en política: renunciar a determinadas ventajas materiales antes que renunciar a sus principios. Y eso, en una época en la que demasiados entienden la política como una nómina, merece ser subrayado.

Teresa nunca fue persona de rendirse ante un flechazo pasajero por las siglas, por el cargo o por la obediencia debida. Siempre fue más de creer en ideas que en idolatrías. Más de fondo que de escaparate. Más de conciencia que de consigna o dogma.

Y eso, claro, tiene precio.

Porque la política real muchas veces premia al dócil, al útil, al sumiso, al que no pregunta demasiado. No siempre abre camino a quien conserva intacta la honradez. Teresa lo comprobó. Y aun así, no se vendió.

Quienes la conocemos sabemos que, por encima del perfil político y profesional, queda lo mejor: la persona. Cercana, leal, inteligente, trabajadora y con una calidad humana que no necesita campaña de imagen.

Hoy deja un acta. Pero no deja un legado menor.

En tiempos de tanta impostura, Teresa López representa algo valioso: la prueba de que todavía se puede pasar por la política sin ensuciarse por dentro.

Teresa, chapó por tu trayectoria.

Ceuta te da las gracias.

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