Frontera e Inmigración

Desgaste en el CETI e historias humanas llenas de esperanza: "La Policía es buena, la gente es buena"

En el exterior de unas instalaciones desbordadas conocemos la historia de Yassin y Mehdi, quienes consideran que esta situación no beneficia a nadie que busque de verdad un proyecto de vida | Lamentan la existencia de vandalismo y robo entre quienes cruzaron

Desgaste. Esta es la imagen que deja el CETI tras cuatro días de intensa crisis en Ceuta. Cientos de personas descansan sobre la tierra o duermen sobre el alquitrán. Descalzos, sin conexión con sus familiares, buscando un trozo de pan, una señal de wifi o un sorbo de agua.

Y, para muchos inmigrantes que consiguieron entrar al territorio español a nado antes de que se produjeran las entradas masivas, esta situación, dicen, les ha jugado en contra.

Unas inmediaciones repletas de inmigrantes

Las inmediaciones del centro continúan repletas de inmigrantes que aguardan una respuesta mientras intentan sobrellevar largas jornadas al aire libre.

Durante la mañana de este lunes, la Policía Nacional mantenía despejado el acceso al CETI. Un furgón de la Unidad de Seguridad permanecía en la parte baja de la vía para evitar aglomeraciones.

Sin embargo, detrás de ese escenario también aparecen historias personales que muestran otra cara de la crisis.

"Esta situación nos ha perjudicado"

Yassin Soussi, de 40 años y natural de Tetuán, lleva 20 días en Ceuta. A diferencia de quienes llegaron durante las entradas masivas, él cruzó antes y considera que la situación actual ha terminado perjudicando precisamente a quienes ya esperaban una oportunidad.

“No puedo entrar con toda la gente así, hay muchos problemas aquí”, explica mientras observa el movimiento en el exterior del CETI.

Aunque actualmente tiene un techo y asegura encontrarse bien, reconoce que sigue pendiente de poder acceder al centro para iniciar los trámites administrativos que le permitan regularizar su situación.

“Estoy comiendo bien, durmiendo bien. Aquí la gente me trata muy bien”, afirma.

Objetivo: trabajar

Su objetivo no es permanecer inactivo. Explica que trabaja como instalador de pladur y que incluso ha recibido llamadas para incorporarse a distintos trabajos.

“Hay muchas empresas que necesitan montadores”, comenta, convencido de que podrá salir adelante si consigue la documentación necesaria.

Para él, la llegada masiva de personas ha complicado un proceso que ya era lento. Prefiere esperar a que la situación se normalice antes de intentar acceder al CETI.

Un reconocimiento a la ciudadanía de Ceuta

Durante la conversación, Yassin también quiso lanzar un mensaje hacia los ceutíes.

Lejos de responsabilizar a la población de lo que ocurre, asegura comprender el malestar que vive la ciudad tras varios días de enorme presión migratoria.

“La gente es buena”, repite en varias ocasiones, añadiendo que “la Policía tiene que hacer su trabajo porque los vecinos no pueden descansar”.

Bajo su punto de vista, quienes llegan con intención de trabajar y construir una vida deberían diferenciarse de quienes protagonizan robos o altercados.

Dos horas nadando

A pocos metros de él se encuentra Mehdi, también de Tetuán y con apenas seis días en Ceuta. Su historia comenzó con una travesía de dos horas a nado hasta alcanzar territorio español.

Ahora duerme en la calle mientras espera una plaza en el CETI. “Con amigos y con la gente”, responde cuando se le pregunta de dónde consigue la comida.

No volvería a Marruecos

Su proyecto de vida es sencillo: aprender idiomas, formarse y trabajar. “Quiero estudiar, hacer formaciones y trabajar”, resume. Cuando se le pregunta si piensa regresar a Marruecos, responde con rotundidad: “No”.

Su objetivo es construir una vida en España, formar una familia y encontrar estabilidad lejos de su país de origen.

Rechazo a su país

Como vemos, cuando dejamos a un lado las imágenes de planos generales, y nos adentramos en historias personales, humanas, encontramos a personas como Yassin y  Mehdi, dos inmigrantes ilegales que llegaron a Ceuta con un propósito: trabajar, crear un proyecto de vida y encontrar la felicidad lejos de una tierra que no supo progresar para retener a sus ciudadanos, ciudadanos que están lejos de sentirse orgullosos de su país.

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