Han transcurrido muchos años desde que residí en Ceuta sin embargo perdura mi visión gozosa y los momentos de la indescriptible alegría percibida en esa noble ciudad. Hace varios meses estuve con un grupo de amigos de la casa de Ceuta en Sevilla y, al volver a contemplar el azul de su cielo y oír el rumor de su mar, me costó trabajo recordar mi edad actual, porque se alteró mi mente y solo veía mi época juvenil e incluso la infantil. Es posible que por haber vivido muchos años en tierra ceutí, la vida que corre por su sabia sea parecida a mi sangre y, por esa compenetración, cuando voy a visitar Ceuta, quedo aprisionado en su alma.
Los ceutíes hemos aprendido a admirar nuestra ciudad porque suponemos que la creó Dios para ser admirada ya que no hay buril mas diestro, pincel mas justo, ni pluma mas certera que los que se adoctrinan en la admiración de esta tierra española situada en el continente africano; una metrópolis a la que los “caballas” preferimos llamar ciudad española en vez de europea, porque es tal nuestro patriotismo que nos sentimos más halagados y orgullosos llamándola así.
Debemos ser más ceutíes que nunca a la hora de esparcir las tradiciones, el arte y la belleza de Ceuta desde nuestros hogares y desde las distintas casas regionales de Ceuta que están repartidas por nuestro país.
*(Ceutíes en la Distancia) Sevilla 2025.






