En pocos asuntos todos coincidimos. O casi. En el elevado grado de suciedad que presenta Ceuta, raro será que no estemos de acuerdo. Resulta curioso que el Gobierno nos anuncie campañas de turismo y un gasto en planes para atraer la llegada de peninsulares a costa de salirle más barato el viaje para que, una vez pisen suelo ceutí, casi se les queden pegadas las suelas de los zapatos de la mierda que tenemos por todas las esquinas. Nunca la ciudad estuvo así, nunca. La imagen que se da es deplorable, de vergüenza. Y no se arregla con planes de choque que la empresa Trace se dedica a vender a los medios de comunicación, porque al poco de sacar sus máquinas en servicios extraordinarios, los mismos lugares limpiados vuelven a estar sucios.
Aquí tenemos un grave problema de incivismo que se ha visto recrudecido por la falta de los ‘mueble’ que pasaban por todas las casas precisamente para llevarse los enseres que ahora se depositan en la vía pública. Y los ciudadanos que así lo hacen tienen tan poca vergüenza que les da igual ocupar aceras dejando bañeras, urinarios, mesas rotas, sofás viejísimos... con tal de quitárselos de sus casas, ensuciando el espacio común de los demás. Eso les da igual y como aquí todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, la única manera de corregir el comportamiendo desviado del ciudadano es a base de multas.
A los enseres se les suman los escombros, que conducen a otra irregularidad más: la cantidad de obras ilegales que se están haciendo y que, visto lo visto, no se persiguen como se debiera, ni tan siquiera se detectan.
El Gobierno debe ponerse serio a la hora de solucionar esta situación y debe hacerlo organizando medios -porque recursos tiene- para reforzar la vigilancia y sancionar, buscando lo que más duele: cuando a uno le tocan la cartera. De nada vale que se venda la Ceuta turística cuando lo único que se salva, y de momento, es el Parque. ¿A dónde quiere llevar a pasear a los turistas?
Del reciclaje mejor ni hablamos. Somos la ciudad de la vergüenza para unos niños a los que en la escuela les enseñan a separar los residuos para luego toparse con la pura realidad no solo en sus calles, también en sus montes.
Se ha llegado a una situación de abandono tal que o se adopta una reacción urgente, con todos los medios posibles, o vamos a llegar a un extremo en el que será cada vez más complicado recuperar la normalidad y eliminar la hilera de vertederos incontrolados que tenemos ya en todos los barrios y en la zona centro, porque ninguna se salva.
Y para dar solución a esto no hace falta ser un lumbreras ni crear grupos de trabajo -capaces son-, sino poner orden, sancionar y abordar con la empresa de limpieza qué hace bien y qué no se hace tan bien. Que aquí cada pata del banco tiene su responsable.






