Frontera e Inmigración

El CETI de Ceuta, colapsado: decenas de inmigrantes duermen en la calle

Esta es la realidad migratoria extrema con la que se topa la ciudad, con un centro lleno. Esto provoca que quienes cruzan la valla o entran a nado duerman ya a sus puertas entre mantas

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes está colapsado. Las constantes entradas a Ceuta, tanto por mar como sorteando el vallado en grupos reducidos, pero prácticamente diarios, han llevado a una situación extrema.

Tanto que decenas de personas tienen que dormir a las puertas del centro, en pleno Jaral, tapados con mantas o incluso pequeñas tiendas de campaña que forman a base de sábanas.

FAROTV acudió esta pasada madrugada a constatar su presencia. Con las puertas del centro de acogida cerradas, sin el letrero que antiguamente reseñaba que aquello era un CETI, unas 40 personas duermen rodeando todos los accesos o en la parte de monte más próxima.

Unos rezan, otros consultan sus teléfonos móviles y la mayoría descansa tapados entre mantas como pueden, todos juntos formando una hilera. Hay marroquíes, argelinos, tunecinos, oriundos de Egipto y también subsaharianos, entre otros.

Entradas a nado o saltando la valla

Unos han entrado a nado en los últimos días, otros han saltado la valla. Todos se han topado con un centro que, indican los propios inmigrantes, ya está lleno.

Las plazas, poco más de 500, con las que cuenta el CETI se completaron hace meses. Las tiendas colocadas en los espacios exteriores comunes ya se han completado. A los que llegan no les queda otra que dormir en la calle, a la espera de que queden huecos libres.

Las salidas a la Península que se están llevando a cabo hasta la fecha son muy reducidas, mientras que las llegadas son diarias. No hay jornada en la que no se produzcan entradas a nado o se logre saltar la valla sin ser visto.

Horas en el mar hasta conseguir cruzar a Ceuta

A las puertas del centro, dos marroquíes, uno de Beliones y otro de Castillejos, cuentan que entraron hace solo unos días a nado. Desde entonces no han podido acceder a las instalaciones que gestiona el Gobierno de España.

Uno de ellos chapurrea un buen español. Vecino del pueblo próximo a Benzú, estuvo varias horas en el agua hasta bordear el espigón cuando vio que la patrullera se alejaba. Después llegó al arenal y escapó corriendo.

Su compatriota, de Castillejos, tardó unas seis horas. Es el tiempo que, dice, estuvo en el agua hasta poder cruzar.

A su lado hay otro grupo de marroquíes de distintos puntos del país, la mayoría de la zona norte: Tetuán, también de Tánger… y alguno de Chauen. Todos cruzaron a nado. Ellos son los ‘invisibles’ que no cuentan en las estadísticas del Ministerio del Interior porque consiguen acceder sin ser interceptados por las fuerzas de seguridad. También hay rifeños.

Junto a ellos, hay varios jóvenes subsaharianos. Llegan todos los días en grupos pequeños. Son los que logran saltar la valla que separa Ceuta de Marruecos y a la que se le han ido añadiendo parches y parches millonarios para supuestamente blindarla.

Hace tiempo que no se producen acercamientos masivos, pero sí reducidos para lograr sortear la vía que más obstáculos presenta. Duermen todos juntos tapados entre mantas.

Usan sus teléfonos móviles para contactar con sus familias, para que, al menos, sepan que se encuentran bien.

Sin datos oficiales del Ministerio sobre la ocupación

Quienes permanecen en la calle indican que les dan alimento, agua, mantas y sábanas, pero no pueden entrar al estar el centro lleno. A su lado guardan como si fuera un tesoro las bolsas de Cruz Roja con lo más básico.

El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones no da datos, no los da ni de ocupación ni de nacionalidades.

Fuentes oficiosas apuntan a la acogida de unas mil personas, una cifra no alcanzada desde hace años. En Ceuta, hay un cierre informativo bajo el argumento de que es Madrid quien debe comunicar. Se entra, por tanto, en una especie de círculo sin quiebra, sin salida.

La falta de transparencia es clara. Mientras la política de cara a la galería niega el oscurantismo, hoy por hoy es imposible, al menos por los canales oficiales, tanto visitar el CETI como saber realmente qué medidas extraordinarias se llevan a cabo y cuáles son los planes para afrontar esta crisis migratoria.

Un centro en plena crisis con un director en la cuerda floja

A todo esto, se suma la situación del director, Antonio Bautista. Un perfil que se calificó de idóneo para llevar las riendas del CETI. Procedente de la Guardia Civil, aplaudido desde todas las esferas cuando su nombramiento se hizo oficial, ahora nadie le respalda públicamente, salvo una carta aislada recogida en El Faro de Ceuta.

El Ministerio indica que se está investigando lo publicado en los medios de comunicación después de la presentación de una denuncia por parte de una enfermera del centro por una agresión sexual perpetrada por un acogido.

Finalmente, esa persona fue condenada por coacciones en una vista celebrada por conformidad que lleva a que no pueda habitar en las instalaciones del Jaral, pero lo que se puso encima de la mesa fue el tipo de gestión que se había llevado en torno a este asunto, si realmente se activó el protocolo o no de protección a la sanitaria.

Sin que el Ministerio se haya pronunciado, el PSOE ya dejó claro que no lo quería en su puesto. Delegación del Gobierno fue más comedida, evitando pronunciamientos antes de que lo haga Madrid, pero insistiendo en que habían trasladado todo lo publicado sobre este asunto.

El problema de la llegada del mal tiempo

El director sigue en su puesto, pero la inestabilidad generada a su alrededor por todo esto no deja ser otro ‘suma’, otro añadido a toda la problemática que rodea al centro de estancia temporal de inmigrantes.

Ahora, en verano, los residentes duermen fuera, a ras del suelo. El problema llegará cuando, de mantenerse esta situación, comience el frío y las lluvias y no se haya buscado una alternativa clara para reconducir la normalidad perdida en estas instalaciones. Desde el exterior se aprecia la colocación de siete tiendas y los módulos habitacionales completamente llenos.

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