Desde su salida, duermen al raso frente al centro Afirman que en su país son perseguidos por causas religiosas o por su orientación sexual, entre otras.
Catorce marroquíes, entre los que se encuentra una mujer, fueron expulsados del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) el pasado jueves después de que se les denegaran sus peticiones de asilo por parte de las autoridades españolas.
El Faro conversó ayer con ellos en la explanada frente al centro, donde pasaron la noche del jueves al raso, pues no disponen de tiendas de campaña bajo las que guarecerse.
Los miembros de este grupo aseguran que sufren persecución en su país, por lo que solicitan que el nuestro los acoja.
“Yo soy cristiano”, afirmó Mohamed, quien se desenvuelve sin problemas conversando en español. Uno de sus compañeros mostró a El Faro un pequeño crucifijo que cuelga de su cuello.
Abdelatif, otro de los expulsados que habla español, agregó que entre los integrantes de su grupo hay “tres homosexuales”. “En Marruecos hay gays a los que nadie molesta, pero estos compañeros sí han tenido problemas allí”, explicó
Este hombre mostró a El Faro un papel que recibió cuando acudió a la oficina de asilo de Melilla. “Aquí dice que si tienes miedo de volver a tu país porque te puedan matar, porque te hagan daño, por sufrir abusos sexuales o porque te obliguen a casarte tienes derecho a pedir asilo”. Según afirma, él está “amenazado de muerte por traficantes”.
Obligada a casarse
Ouafae es la única mujer del grupo. Sus compañeros cuentan que en Marruecos su familia la quería obligar a casarse con un hombre contra su voluntad. Por eso huyó del país. Ahora, como los demás, se enfrenta a una devolución que sólo puede traerle problemas.
Esta mujer pudo pasar la noche del jueves en un hotel de la ciudad gracias a que sus compañeros reunieron el dinero sufiente para pagársela. Ayer, sin embargo, no disponían de más fondos y se preparaba para pasar la noche al raso junto con los demás.
Abdelatif agradeció el apoyo de algunos melillenses que, enterados de su situación, acudieron la noche del jueves hasta las puertas del centro para prestarles mantas y sábanas con las que protegerse del frío.
“Gente que está en el CETI nos ha traído almohadas”, agregó Abdelatif. No obstante, aseguró que cuando alguno de los acogidos en el centro intentó llevarles comida, los guardias no se lo permitieron. “Tenemos que buscarla en los contenedores de basura”, lamentó, señalando los que se encuentran ante la entrada al centro.
Confirmación de la expulsión
Fuentes del CETI consultadas por este periódico confirmaron la denegación del asilo, una decisión que no depende del centro. “Ni decidimos el asilo ni lo negamos”, explicaron, aclarando que la potestad es de la Delegación del Gobierno.
“Tienen que justificar su petición de asilo”, señaló la misma fuente. “No basta con que cuenten una historia, tienen que justificarla”. Asimismo, subrayó que tras una primera negativa, los solicitantes de asilo tienen derecho a que se reexamine su caso antes de proceder a su expulsión del centro. Sin embargo, estas personas tampoco tuvieron suerte en segunda instancia.






