Señora ministra:
Permítame comenzar con algo que parece necesario aclarar: no, señora ministra, no somos xenófobos.
Ni los profesionales sanitarios, ni los trabajadores de las ambulancias, ni los ciudadanos de Ceuta que vivimos esta situación día tras día somos xenófobos por advertir de una realidad que estamos viendo con nuestros propios ojos. Preocuparse por la salud pública, por la capacidad de respuesta de nuestro sistema sanitario y por las condiciones en las que estamos trabajando no es xenofobia. Es responsabilidad.
Usted vino a Ceuta quince días después de la crisis migratoria y afirmó que no existía una crisis sanitaria, que se trataba de casos aislados y que relacionar determinadas enfermedades con la inmigración era xenofobia.
Resulta cuanto menos llamativo, que se pueda llegar a Ceuta, visitar durante unas horas nuestros servicios y, desde la distancia, concluir que aquí no existe una situación de desbordamiento. Quizá antes de hacer determinadas afirmaciones habría sido conveniente pasar unas horas en una ambulancia, acompañar a los técnicos durante un turno completo o sentarse en las urgencias de nuestros hospitales y preguntar a quienes estamos allí qué está ocurriendo realmente.
Por eso, señora ministra, la invitamos a hablar directamente con los médicos de urgencias, enfermeros, técnicos de emergencias y demás trabajadores que estamos sufriendo esta situación en primera persona. Con quienes llevamos jornadas interminables, acumulando cansancio y atendiendo un volumen de trabajo que supera, en muchas ocasiones, los recursos disponibles.
Porque la realidad no se mide únicamente desde un despacho ni desaparece porque se califique de «caso aislado».
Y después de ese volumen de trabajo se pretende que sigamos prestando una atención excelente, tanto a nuestros ciudadanos como a las personas migrantes que necesitan asistencia. Pero somos personas, señora ministra. Nos cansamos. Nos agotamos. Y cuando los recursos no son suficientes y los profesionales están al límite, la calidad asistencial termina resintiéndose.
Esto no es una cuestión ideológica. No es una cuestión de partidos. Y, desde luego, no es una cuestión de xenofobia.
Es una cuestión de salud pública y de medios.
También resulta difícil aceptar que se pretenda trasladar la idea de que determinadas enfermedades detectadas en personas llegadas a Ceuta se han adquirido necesariamente aquí. Cuando nos encontramos con pacientes diagnosticados de enfermedades como sífilis, tuberculosis o sarna, resulta evidente que no todas esas patologías pueden atribuirse a su llegada a Ceuta ni mucho menos al propio sistema sanitario ceutí. Y cuando existen pacientes ingresados con enfermedades todavía pendientes de diagnóstico, tampoco podemos hacer desaparecer esa realidad simplemente negándola.
Decir esto no significa culpar a quienes padecen una enfermedad. Una persona enferma merece atención, independientemente de su procedencia. Precisamente por eso quienes trabajamos en sanidad debemos poder hablar de los problemas sanitarios que observamos sin que inmediatamente se nos coloque la etiqueta de xenófobos.
Aquí nadie está pidiendo que se deje de atender a nadie.
Estamos pidiendo recursos suficientes para atender a todos.
Estamos pidiendo que se reconozca la presión asistencial que soporta Ceuta. Estamos pidiendo que se escuche a los profesionales que estamos al pie del cañón. Estamos pidiendo que nuestros profesionales tengan capacidad suficiente para responder a las emergencias sin convertir cada jornada en una carrera contra el agotamiento.
Y, sobre todo, estamos pidiendo que no se nos dé una lección de moral desde fuera cuando somos nosotros quienes estamos viviendo esta realidad cada día.
Porque ni yo, ni los 83.999 ceutíes restantes, somos xenófobos por estar preocupados. No somos xenófobos por querer que nuestros servicios sanitarios funcionen. No somos xenófobos por denunciar que los profesionales están desbordados. Y tampoco somos xenófobos por exigir que se adopten medidas cuando los recursos disponibles no son suficientes para atender adecuadamente una situación extraordinaria.
Somos ciudadanos preocupados y profesionales agotados que estamos pidiendo ayuda.
Así que, señora ministra, antes de volver a afirmar que aquí no existe una crisis sanitaria o que quienes advertimos de ella lo hacemos por xenofobia, le invito a hacer algo muy sencillo: escuche a quienes estamos trabajando sobre el terreno.
Hable con los médicos.
Hable con los enfermeros.
Hable con los técnicos de ambulancias.
Suba a una ambulancia y haga un turno con nosotros.
Y después, si sigue pensando que estamos exagerando, que todo son casos aislados y que nuestra preocupación es fruto de la xenofobia, entonces podrá decirlo con conocimiento de causa.
Hasta entonces, le pediría algo tan sencillo como que no confunda negar un problema con haberlo solucionado.
Porque mientras desde los despachos se afirma que no existe una crisis, nosotros seguimos saliendo a atenderla.
Atentamente,
Un trabajador que vive esta realidad en primera persona y que, al igual que los 83.999 ceutíes restantes, no es xenófobo: está preocupado.






