Estimado director:
Me dirijo a usted con el deseo de que estas palabras puedan encontrar espacio en la sección 'Carta al Director', no solo como un testimonio personal, sino como un reconocimiento público que considero justo y necesario.
El pasado jueves día 5 de febrero, como consecuencia del fuerte temporal que azotó nuestra ciudad, la tela asfáltica que cubría el techo de los edificios de la barriada Juan XXIII, se desprendió violentamente. Lo que en un primer momento pudo parecer un daño estructural más, pronto se convirtió en una situación angustiosa e infernal para las familias afectadas. En concreto, una de las viviendas sufrió importantes daños en su interior: desde el desprendimiento del techo, abundantes goteras y filtraciones constantes de agua a, humedades por toda la vivienda, así como deterioro de muebles, lámparas, camas y numerosos enseres personales.
Sin embargo, más allá de los daños materiales —que siendo cuantiosos pueden repararse—, lo verdaderamente difícil de gestionar fue el impacto emocional. La incertidumbre de no saber cuándo cesarían las filtraciones, el miedo a que la situación empeorara, la impotencia de ver cómo el agua invadía el hogar, el nerviosismo constante, las lágrimas, la ansiedad y la sensación de desamparo que se apoderó de la familia son circunstancias que no siempre se reflejan cuando se habla de este tipo de incidentes. Un hogar no es solo un espacio físico; es refugio, seguridad y estabilidad. Cuando eso se tambalea, la angustia y el miedo es real y profundo.
Ante esta situación, se contactó con Tamara Guerrero Gómez, directora general de Planificación de Inversiones y Servicios Urbanos, perteneciente a la Consejería de Medio Ambiente, Servicios Urbanos y Vivienda. Desde el primer momento que tuvo conocimiento de lo acaecido, mostró una actitud cercana, receptiva y comprometida. Tras múltiples conversaciones, gestiones internas, consultas técnicas e insistencia constante, logró que se actuara de manera provisional sobre la cubierta del edificio.
Gracias a esa intervención, en la que ACEMSA colaboró con la Consejería, se ha conseguido subsanar temporalmente el tejado, frenando las filtraciones y evitando que los daños fueran aún mayores. Esta actuación ha supuesto un alivio emocional enorme para la familia, que llevaba días viviendo en una situación de desamparo y angustia continua.
Con demasiada frecuencia se señalan —con razón cuando corresponde— los errores, retrasos o deficiencias de la administración pública. Pero pocas veces se reconoce el esfuerzo, la dedicación y el compromiso de quienes, desde sus responsabilidades, trabajan con profesionalidad y sensibilidad hacia los problemas reales de los ciudadanos. Cuando la gestión es eficaz, cuando se escucha, cuando se actúa con diligencia y humanidad, también debe decirse.
Esta carta nace desde la gratitud sincera. Desde el corazón de una familia que ha pasado días complicados, incómodos y emocionalmente intensos y que hoy puede respirar con mayor calma gracias a la implicación y al trabajo realizado.
Agradecer no es un gesto menor. Es un acto de justicia.
Atentamente,
Una vecina de la barriada Juan XXIII.
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