Señor Delegado:
Le hablo como un ciudadano de Ceuta. No como político, ni como miembro de ningún partido. Le hablo desde el sentimiento de quien quiere a esta ciudad, de quien ha crecido aquí y de quien no está dispuesto a ver cómo aquello que durante tantos años hemos construido entre todos se va deteriorando poco a poco.
Ceuta es nuestra casa.
Aquí convivimos cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes. Cuatro culturas, cuatro formas de entender la vida, pero una misma tierra y una misma ciudad. Esa convivencia es nuestro mayor patrimonio y no podemos permitir que la irresponsabilidad, el silencio o la falta de decisiones terminen enfrentándonos.
Y sinceramente, señor Delegado, los ceutíes estamos cansados.
Cansados de esperar respuestas. Cansados de sentir que quienes tienen la obligación de protegernos y defendernos permanecen en silencio. Cansados de tener la sensación de que Ceuta importa menos de lo que debería importar.
No le pido milagros. Le pido algo mucho más sencillo: que dé la cara.
Que salga de su despacho. Que escuche a los ceutíes. Que mire a los ojos a quienes están preocupados por el futuro de sus hijos. Que tome decisiones. Que ejerza la responsabilidad que asumió cuando aceptó el cargo.
Porque gobernar también significa estar cuando las cosas se ponen difíciles.
Y si no tiene la fuerza, el valor o la determinación necesarios para hacerlo, permítame que se lo diga con todo el respeto, pero también con toda la contundencia que siento:
Si el cargo le queda grande, márchese.
No pasa nada por reconocer que uno no está preparado para una responsabilidad. Lo que no podemos permitirnos es que, mientras unos miran hacia otro lado, los ceutíes paguemos las consecuencias.
Yo no quiero una Ceuta enfrentada.
Quiero la Ceuta que conozco. La Ceuta de mis vecinos. La de las calles donde hemos crecido juntos. La de las fiestas compartidas, las tradiciones respetadas y las familias que, independientemente de su religión o cultura, se han sentado durante décadas en la misma mesa.
No destruya lo que tanto nos ha costado construir.
Porque cuando se juega con la convivencia, se juega con el corazón de Ceuta.
Y recuerde algo, señor Delegado:
Los cargos pasan. Los gobiernos pasan. Los políticos pasan. Pero Ceuta permanece.
Y cuando quienes tienen la obligación de defenderla dejan de hacerlo, somos los ciudadanos los que terminamos dando un paso al frente.
Porque Ceuta no se abandona.
Ceuta no se vende.
Ceuta no se divide.
Y Ceuta, sobre todo, no se rinde.
Con todo el respeto que merece su cargo, pero con todo el sentimiento que merece mi tierra:
Dé la cara por Ceuta.
Por los ceutíes.
Por nuestros hijos.
Y por esa convivencia que entre todos debemos proteger.
Porque yo soy ceutí. Y de Ceuta no me voy.






