Los vecinos del Príncipe protestan y con razón. Parece una broma, pero es la más purita realidad. Llevan meses con parte de una carretera cortada, con un carril menos lo que lleva a tener que hacer maniobras que pueden terminar en una tragedia.
¿Cómo es posible que la administración mire hacia otro lado y deje un carril entero sin utilizar forzando a que los vehículos ocupen el contrario, lo que les expone a accidentes de gravedad? Todo ello a causa de un desprendimiento motivado por las últimas borrascas. Más de tres meses así. Debe ser normal, pensarán esos ilustres de la Ceuta verde, azul e inteligente.
Para quitar unas piedras, poner una tela protectora y retirar las barandillas parece que hay que pensar demasiado, o, quizá, estén buscando uno de esos proyectos para convertir cualquier mínima acción en un talonario con muchos ceros. Demasiados.
Es un auténtico esperpento, como también lo es que desde hace un año lleve una farola tirada tras un accidente, dejando la zona sin el alumbrado debido.
Es como si todos se hubieran puesto de acuerdo en disponer una auténtica trampa para conductores y viandantes. El otro día se hablaba en el Pleno de las dos Ceutas, de esas dos velocidades. Ya ven que la realidad se encarga de confirmar lo que otros niegan. En otro lugar de Ceuta sería impensable que sucediera esto, digan lo que digan es la verdad. Y es un fracaso.






