Empezaron bien. Tanto que en los corrillos políticos se decía que la nueva etapa entre Vivas y Mateos iba a recordar la del eterno alcalde con José Fernández Chacón. En los últimos meses se ha dado tal giro a las relaciones entre Ciudad y Delegación que se aventuran auténticas tempestades. El entorno tampoco ayuda. Si a la tensa situación se añade el coro de fondo de los parlamentarios del PP, reclamando como nunca dimisiones y hablando como nunca lo hicieron de una frontera recién descubierta, a nadie sorprende que vayan a saltar chispas. Y lo harán porque la precampaña no ha hecho sino comenzar.
En la plaza de África han empezado a subir el tono incluyendo en el debate el término de “deslealtad”. Algo que debe ser muy importante para la clase política, cuando incongruentemente es la más desleal con el ciudadano desde el primer momento en el que le engaña para conseguir su voto y después deja arrinconadas en el camino las múltiples promesas efectuadas. Esa deslealtad debe ser de otro planeta porque, fíjense, no escuece tanto.
Pero sí. En la Ciudad se sienten traicionados y más aún desde que les arrebataron los Planes de Empleo. Se olvida bien pronto que el PSOE ya los manejó desde una entidad creada por Delegación precisamente para coordinarlos. Funcionaban muy bien, pero el PP decidió que esa gestión debía volver al Ayuntamiento, a pesar de la desvirtuación que desde hace muchísimos años pesa sobre estos proyectos laborales. Y es así porque se han olvidado de quienes realmente necesitan un plan de empleo y, sobre todo, han dejado de lado el tipo de programa que debe ofrecerse. Tanto es así que llegamos al ridículo de tener a trabajadores del plan de empleo prácticamente vigilando las palomas de la plaza de los Reyes u otros en las puertas de los colegios mirando cómo entran los niños en clase, haciendo compañía a la farola de la esquina. Es desmoralizador para ellos mismos. No creo que ese tipo de raras y nunca entendidas funciones gusten a quienes las tienen que desempeñar. Ni creo que ese sea el espíritu que debe tener un programa laboral que nació para formar a personas y ayudarlas a que, después, pudieran obtener un trabajo.
Podemos hablar de deslealtad, de broncas políticas y ataques varios. Pero nunca olviden quiénes son los que realmente son víctimas de unos debates que nos cansan, que no llevan a fin alguno y que solo sirven para el ego de unos pocos.





