Una inversión superior a los 7,4 millones de euros en una "frontera inteligente" diseñada para equiparar a Ceuta con los estándares de cualquier aeropuerto europeo. Es la máxima defendida, que no impidió que este sábado no sólo se produjeran esperas de hasta 9 horas para cruzar apenas unos metros sino que además se vivieran situaciones tercermundistas sin una explicación.
Las denuncias de trabas para el paso en coche y retenciones para peatones no cesaron, haciéndose alusión a un cuello de botella que atrapó a los que esperaban para entrar en la ciudad, muchos de ellos con la idea de hacer compras, de gastar dinero en Ceuta.
Los relatos de quienes quedaron en medio del paso fronterizo describen una situación sencillamente "inhumana", por la falta de información y la ausencia de infraestructuras tan básicas como los baños públicos. Familias con niños y personas mayores quedaron en un estado de vulnerabilidad inaceptable, que da una visión impropia de lo que debe ser un paso fronterizo y moderno.
El nuevo Sistema de Entradas y Salidas (EES) busca precisamente dar más control y agilidad al tráfico de personas y vehículos. La tecnología debe ser una herramienta para agilizar el tránsito, no un obstáculo que genere frustración a quienes buscan realizar compras o visitar a sus familias. Su implementación debe llegar, en las iniciales fases de aplicación, de la mano de un refuerzo de agentes para que todo vaya mucho más rápido, existiendo además coordinación con Marruecos para agilizar todos los trámites.
Más allá de la mera crítica, urge la adopción de medidas urgentes y alternativas que doten de fluidez al acceso que tantas quejas levanta. No basta con esperar a que el sistema se acostumbre, también es fundamental una organización logística que informe.
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