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Hoy, en el Día Internacional de la Trata de Esclavos y de su Abolición, Ceuta sigue luchando contra esta lacra
En la madrugada de hoy, hace 226 años, se produjo en Santo Domingo (actualmente Haití y la República Dominicana) el comienzo de una sublevación que sería de decisiva importancia para la abolición del comercio transatlántico de esclavos. De hecho, la revolución haitiana fue el primer movimiento revolucionario de América Latina y culminó en la abolición de la esclavitud en la colonia francesa de Saint-Domingue y la proclamación del Primer imperio de Haití. Se pasó de ser una colonia regida por un sistema de castas, la más rica posesión colonial de su tiempo, a ser el lugar de la primera y única rebelión de esclavos exitosa de la historia, además de ser una de las revoluciones más radicales.
La UNESCO fijó este día para inscribir la tragedia del comercio de esclavos en la memoria de todos los pueblos y pretende que no deje de concienciarse a la población de un problema, la esclavitud, que aunque no se vea, está ahí y sigue existiendo. En Ceuta hay esclavos. Y hay que visibilizar un drama que día a día se trata de enfrentar. Desde hace más de doce años, la Fundación Cruz Blanca se lleva a cabo un proceso de intervención con personas que están en situación de prostitución y se entablan relaciones de confianza para detectar posibles indicios de trata con fines de explotación. El proyecto se llama O´Cambalache y se desarrolla en Ceuta, Andalucía, Aragón y Madrid. “La finalidad principal de este programa es favorecer la incorporación social plena de las personas que se encuentran en situaciones de exclusión social grave y la metodología se basa en dos actividades fundamentales: un servicio de acercamiento y un servicio de mediación. Además, se realizan talleres específicos con las mujeres residentes en el centro de estancia temporal de inmigrantes”, explican desde la entidad que hablan claro de que la esclavitud sigue existiendo y está mucho más cerca de lo que pensamos.
Desde Fundación Cruz Blanca afirman que la sensibilización a la población sobre todos estas terribles realidades es muy importante. “Fomentar una conciencia humana y crítica, que no haga a nadie indiferente, que tengan presente tanto como nosotros, los pilares fundamentales que guían nuestro trabajo y entrega: el respeto a los Derechos Humanos y la incorporación de la perspectiva de género en todos los ámbitos de nuestra vida”.
Por eso, son conscientes de que la lucha contra la esclavitud es cosa de todos, y la coordinación entre diferentes actores, gobiernos, ONG, ciudadanía, fuerzas y cuerpos de seguridad, pro también medios de comunicación o universidades, es un elemento imprescindible para el abordaje de este problema social que afecta a todo el mundo, y España no es una excepción. Ceuta, concretamente, tampoco.
Hay casos de mujeres que cruzan la frontera ya “compradas” por las mafias que necesitan cobrarse el viaje que las ha traído hasta Europa. Son víctimas de las famosas tratas y contra las que incluso en el CETI se han hecho talleres para mentalizar a los residentes de un problema con el que hay que ser valiente y luchar sabiendo que tienen la protección de los cuerpos de seguridad. Unas mafias a las que se sigue de cerca. No es sencillo acabar con un problema que algunos dan por desaparecido. Hay esclavos sujetos a pagar, por ejemplo, el traslado en moto desde Marruecos hasta una playa de Ceuta. Cuando las mujeres que atienden desde el proyecto O’Cambalache deciden dar un paso al frente y empezar el proceso de protección es la policía quien se encarga de paralizar su orden de expulsión, investigar y regularizarlas, pero entonces ya se han ido de Ceuta y están en la península”, explican desde la Fundación
Si aquellos esclavos haitianos trabajaban en campos de caña de azúcar, ahora lo hacen en prostíbulos, por ejemplo. “La huida del hambre y de la guerra de decenas de miles de personas es un caldo de cultivo en el que la esclavitud se siente cómoda. Las mismas mafias que organizan su viaje hacia el norte, son las encargadas de traspasarles de unas personas a otras, de forzarles a pagar… situación que aseguran, los propios protagonistas, que sigue empeorando”, aseguran desde Cruz Blanca que ponen especial atención en las mujeres que “durante todo el trayecto migratorio han de “pagar” con su propio cuerpo a las mafias y tratantes para superar las etapas del viaje”.






