El internacional marroquí está escribiendo una biografía individual y colectiva en la Copa Africana de Naciones Marruecos 2025, confirmándose ser la joya que engalana el collar de la selección nacional.
Partido tras partido, Díaz —forjado en Inglaterra, Italia y España— vuelve a rescatar a Marruecos gracias a su talento, su calidad técnica y una inteligencia futbolística fuera de lo común.
En los momentos de máxima tensión y durante los cuatro primeros encuentros del torneo disputado en Marruecos, el genio ha mostrado los colmillos.
Por cuarta vez consecutiva, Brahim Díaz firmó un gol decisivo que permitió a los Leones del Atlas superar, con enorme dificultad, la barrera de los octavos de final para confrontarse con la emblemática selección de Camerún en cuartos de finales.
La magia Díaz impactó ante Tanzania la noche del domingo 3 de enero de 2025, frente a una selección encuadrada en el cuarto bombo africano y situada en el puesto 112 del ranking mundial.
Guiones complejos en los partidos de Marruecos en la CAN

Analistas y observadores coinciden en que los partidos de Marruecos siguen un patrón recurrente.
Aunque previsible, resulta extremadamente difícil de gestionar tanto para el seleccionador como para los jugadores estrella en sus equipos de talla mundial.
Desde su histórico papel en el Mundial de 2022, la selección marroquí se enfrenta sistemáticamente a escenarios cerrados, donde emerge una necesidad urgente de soluciones individuales, de la genialidad de un salvador “ontológico”, capaz de descifrar defensas replegadas, compactas y atrincheradas.
Todos los rivales juegan condicionados por el peso de la marca Marruecos: semifinalista del Mundial, líder del ranking africano y undécimo del mundo. Un equipo cuyos jugadores militan en las mejores ligas y clubes europeos, con un valor de mercado que supera los 436 millones de dólares, situándolo como la decimocuarta selección más valiosa del planeta y la tercera más cara fuera de Europa, solo por detrás de Brasil y Argentina.
Tanzania, a un paso de asesinar el sueño marroquí

El duelo ante Tanzania no fue una excepción. El juego colectivo se asfixió, las ideas ofensivas chocaron contra un entramado defensivo férreo y bien organizado, y Marruecos no encontró espacios libres ni logró transformar su dominio en ocasiones claras. Ni la circulación por bandas ni los centros laterales lograron romper el muro tanzano.
La selección rival apostó por el rigor defensivo, la intensidad en los duelos individuales y las faltas tácticas para cortar cualquier progresión marroquí. La eficacia frente a portería brilló por su ausencia y el partido se encaminaba peligrosamente hacia un desenlace frustrante.
El resurgir del goleador salvador, fenómeno de África 2025

Todo apuntaba a que la solución tenía nombre propio: Brahim Díaz, mejor jugador del partido. Un destello individual, un pie dorado capaz de sobrevivir en espacios muy reducidos, eliminar rivales con amagues, fintas y regates, y disparar la bala de liberación definitiva en el último tramo del partido.
Así fue. Justo en el minuto 64, Díaz recibió el balón de su capitán Achraf Hakimi en un pasillo estrechísimo entre el lateral izquierdo y el central.
Con una maniobra magistral dejó atrás al defensor y definió con precisión quirúrgica al palo corto y cerrado del guardameta. Gol, alivio y continuidad del sueño marroquí de conquistar su segunda Copa África, en una edición de dimensión universal celebrada en las ciudades históricas del Reino, Algunas narran más de doce siglos de un estadonación.
Una química especial entre Brahim Díaz y Walid Regragui

La celebración de Brahim Díaz tras marcar el gol de la victoria estuvo cargada de simbolismo. El futbolista dedicó el tanto a su entrenador, Walid Regragui, quien atraviesa un periodo de críticas y cuestionamientos cada vez que el triunfo no llega con la facilidad que parte de la afición espera, dadas las credenciales técnicas y económicas del plantel.
Pese a ello, Regragui es, objetivamente, el mejor entrenador en la historia del fútbol marroquí: semifinalista en el Mundial de 2022 y arquitecto de una selección con identidad ganadora, capaz de encadenar 20 victorias consecutivas.
Sin embargo, el listón de las aspiraciones nacionales es claro y no admite matices: levantar una Copa Africana ausente del palmarés desde 1976.






