Decía el alcalde y decía su equipo antes del inicio de las fiestas que tenían que confiar en la responsabilidad individual. Lo decían para justificar que abrieran la mano y que ante su complejo de ‘bienqueda’ no adoptaran restricciones y permitieran que durante las navidades aquí todos pudieran hacer ‘casi’ lo que les diera la gana. Eso sí, con responsabilidad. La individual en la que confiaban. Así taparon su falta de contundencia y su falta de decisión para adoptar medidas impopulares pero que tuvieran como consecuencia menos daño, menos incidencia del covid o, hablando en plata, menos lágrimas entre muchas familias.
Se permitirá viajar para ver a familiares y allegados, nos dijeron. Pero no idearon ningún método para controlar que eso fuera así, porque, insistieron, hay que confiar en la responsabilidad ciudadana. En otras comunidades autónomas se había previsto con antelación medidas para verificar que si entrabas en un territorio era porque ibas a una vivienda concreta de tu familia. Aquí no. Aquí no ha habido tiempo para hacer eso, sí que en cambio lo ha habido para decir la primera de las gilipolleces que se le puede ocurrir a alguno de los que cobra dinero público y juró un cargo de responsabilidad pública para ejercerlo, no para quedar bien con todos, sobre todo con los amigotes. No. Es mejor que te escupan mil veces a la cara pero saber que las cosas se están haciendo con la rectitud que obligan las circunstancias, antes de dejar que la población sea la que decida lo que está bien y lo que está mal. Las consecuencias son claras y las lecciones de lo ocurrido hace unos meses también. Pero ni por esas. Las navidades controladas podían provocar una reacción social que no da votos, ni da felicitaciones, ni da aprecios ciudadanos... pero sí da resultados. Sobre todo cuando estamos ante un virus que no está controlado, ante un virus que sigue matando, que sigue paralizando a un país y que está dejando daños importantes a todos los niveles.
En una ciudad tan pequeña, en la que todos nos conocemos, con tantos pulpos que extienden sus tentáculos de poder en áreas diversas... podría hasta entender que la clase política se acojonara y se plegara ante los poderes. Lo podría entender en muchos momentos de la vida, en ese continuo día de la marmota en Ceuta. Pero nunca podré ni entenderlo ni aceptarlo cuando se trata de protegernos. Y ante eso no vale presión alguna, ni quedar bien. Valía lo que valía. Veremos a dónde nos ha llevado la responsabilidad individual.
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