El efecto llamada que ha provocado la salida a la Península de peticionarios de asilo cuya solicitud ha sido admitida a trámite en Ceuta deja visiones como la del colapso permanente del espacio fronterizo del Tarajal. Desde primera hora de este lunes y como viene repitiéndose desde hace jornadas, el acceso a la frontera ha amanecido repleto de personas: hombres, mujeres y familias al completo, todas marroquíes, que persiguen solicitar asilo. El problema es la gran cantidad de gente que quiere ejercer ese derecho, lo que ha terminado por colapsar unas instalaciones que nunca habían registrado tamaña actividad.
La Policía no puede afrontar esta situación. Desde las ocho de la mañana las colas ya se han formado, pero es que además hay quienes intentan pasar la noche esperando ser los primeros en pasar a la oficina, en donde ser atendidos por los agentes de Extranjería y los traductores comisionados. Esta situación genera otro problema paralelo: los marroquíes que guardan la cola del asilo denuncian que no hay organización ni turnos y que se están produciendo robos y agresiones contra quienes las guardan por parte de individuos que acuden en grupo a atacar a estas personas cuando las ven solas para arrebatarles sus pertenencias.
Tras horas de espera, lo peor llega cuando la Policía comunica el número de peticionarios que puede ser admitido, que son los únicos a los que se deja entrar en la oficina ya que el resto tendrá que abandonar el lugar hasta el próximo día. Y ese desalojo a veces no se entiende, lo que genera una problemática para los integrantes de la UIP encomendados a tal intervención.
La amplia mayoría de las solicitudes de asilo son admitidas a trámite para su estudio, prácticamente el 90%. Mientras se produce ese análisis y superado un plazo concreto, esos peticionarios pueden moverse libremente por el territorio nacional, lo que se materializa en su traslado a la Península hasta que se les comunique si la solicitud se ha admitido finalmente o no.
Esas salidas son las que están incidiendo en que cada vez sea mayor el volumen de marroquíes que acude al Tarajal. Fuentes policiales apuntan a que se está ante una inmigración encubierta e incluso advierten del efecto llamada que esta situación puede provocar.
Los recursos son los que son, aunque desde la Delegación del Gobierno se anunció un refuerzo en personal a todos los niveles. Nunca antes la oficina del Tarajal había registrado lo que se visualiza como una avalancha de peticiones, de hecho desde su inauguración no tuvo apenas trabajo que afrontar.
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