Los daños ocasionados contra un autobús híbrido ayer, a su paso por la barriada Príncipe Felipe, pudieron ser de mayor envergadura.
Afortunadamente fueron materiales (una luna destrozada), pero pudo haber heridos entre los usuarios que ocupaban el vehículo de servicio público.
Se está ante un atentado contra todos: contra los bienes que pone la administración para beneficio de la ciudadanía, contra los vecinos de la barriada y contra los propios ocupantes que pudieron terminar con lesiones graves no solo por el impacto, sino porque el propio conductor pudiera perder el control del vehículo.
La Policía debe investigar qué ha pasado, pero sobre todo con qué medios se causaron esos daños, ya que a tenor de las imágenes no está claro que fuera únicamente una piedra.
No se puede consentir la normalización de actos de este tipo, porque eso supone despreciar una mínima consideración de cuál debe ser el ordenamiento por el que nos regimos como sociedad.
Primero, ante todo, una vez presentada la denuncia, se necesitan datos; después detenciones y respuestas acorde con lo que este tipo de sucesos significan. Al menos por el bien de una comunidad que no puede ver quebrada su tranquilidad porque haya a quienes les parezca oportuno sembrar el caos con acciones de este calado.
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