Gandhi dijo atinadamente que “un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”. La ciudad autónoma aprobó hace algo más de siete años un Reglamento para la tenencia, protección y bienestar de los animales de compañía dirigido a la población con el que todavía resta mucho por avanzar para atajar comportamientos tipificados como infracciones como la cría sin cumplir los requisitos, su mantenimiento inadecuado, su paseo en las condiciones precisas para no molestar a otros viandantes...
La administración tiene que ser firme en la exigencia del cumplimiento de la normativa a los poseedores de mascotas y, al mismo tiempo, disponer de los recursos necesarios para prevenir primero y responder después adecuadamente a la existencia de animales abandonados o asilvestrados.
Su proliferación es un problema que hay que atajar sancionando a los responsables y, en paralelo, atender con infraestructuras adecuadas que llevan años prometiéndose sin que se hayan materializado todavía en proyectos u obras concretas.
La Consejería de Sanidad ha elevado notablemente el presupuesto destinado a la acogida de esos animales, así como a las campañas de vacunación y esterilización y a los convenios que mantiene con el Colegio de Veterinarios y distintas asociaciones. Sin embargo, la realidad cotidiana demuestra que todavía no es suficiente. Mientras se refuerzan como se deben las medidas paliativas es necesario trazar una estrategia para atajar la raíz del problema de cría y abandono incontrolado.
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