Soñamos con la eterna juventud y nos creemos invulnerables al tiempo.
Danzar con el viento, ser la brisa de un verano eterno, contar estrellas frente a la hoguera de una acampada, hablar y reír hasta las tantas, enamorarse mil veces, escribir un " te quiero" en cualquier sitio, cantar hasta quedarse afónico, cambiar el mundo a cada instante, soñar despiertos y dormir sin horas.
De repente, después de un minuto, llegan las arrugas, las canas, los despistes, la desmemoria, el repetir lo que contaste el otro día, la muerte de los padres, la noticia de algún amigo que sufrió un infarto, la tragedia de no saber dónde pones las cosas.
Mis alumnos están viendo en clase " arrugas" una película que trata sobre la vida en una residencia de ancianos, la vejez, el Alzheimer, los cerebros que dejan de funcionar. En ese ambiente también hay lugar para la amistad, la solidaridad y para vivir aventuras en un entorno en el que la realidad pasa a ser absurda.
Los chicos de mi tutoría tienen 12 años y hablarles de estos temas, tan lejanos para ellos, en la primavera y el verano de sus vidas no comprenden al otoño y al invierno, el carpe diem, no debate con el memento mori.
Explicar a niños y niñas de 12 años qué es la vejez es como hacer entender a una rosa que perderá sus pétalos y su aroma se confundirá con el crepitar de lo marchito.
La vejez es como el alcohólico que no reconoce que lo es, es un resistirse a ignorar la realidad, un negarse a entrar en la oscuridad de un día que termina.
Ver partir a tus abuelos, perder a tus padres, sentir ese abandono vital, el desamor, la triste realidad de saber que sobras.
Pocos vivirán la ausencia del olvido: no tendrán tiempo, estarán en otros menesteres, les surgirá cualquier cosa. Tú esperarás nada, nadie, a ninguno. Dejarás de estar, aunque te den de comer todos los días, aunque te den las 8 pastillas, aunque una auxiliar te invita a callarte porque despertarás el sueño de tus compañeros.
Yo, que ya veo mi futuro en el presente de mi madre, que ando a sus pasos, que me fundo en sus abrazos, quiero sujetarla, fundirme en caricias sin prisas, en unos besos que dibujen lugares en los que escondernos, aunque el invierno furioso quiera abrir la puerta del destierro.
Sabemos que nos marchamos porque vemos marcharse a los que quisimos alguna vez, a los que se entregaron y renunciaron a ellos por nosotros.
Yo también soy ya un anciano consciente, un niño que sabe que va morir, un río sin agua, un árbol del último otoño.
La película " arrugas" intenta ser una mirada hacia cada uno de nosotros cuando dejemos de recordar, cuando sintamos pánico, cuando no suena el timbre que esperas, cuando confundes los días, las horas o los nombres sin saber quienes son esos extraños que te dicen abuelo, padre, amigo o lo que sea.
Yo quiero hacer ese viaje, ser un pasajero en un barco perdido en la niebla, quiero estar con los que se van convirtiendo en la espesa bruma.
Ser las arrugas, ser la memoria, ser el que lleva en sus brazos al que te llevó en los suyos.
Saber qué nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.
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