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Arqueólogos ojo avizor en las obras e intervenciones

Los profesionales velan por el patrimonio en proyectos a través de los controles de movimientos de tierras

Los vestigios patrimoniales no se encuentran por azar. Aunque se piense que dar con ellos es fortuito, la antelación de su descubrimiento debería ser la tónica general y la prueba de un trabajo bien hecho. La esencia de la búsqueda de antiguos tesoros es la prevención y esa es la razón por la que los arqueólogos deben estar ojo avizor en las obras e intervenciones de Ceuta.

Están al tanto de lo que ocurre bajo sus pies a través de los llamados controles de movimientos de tierras. Son intervenciones que se efectúan en lugares donde se ejecutan labores que pueden afectar a áreas arqueológicas.

Este verano el equipo de profesionales de la Ciudad ha llevado a cabo varios, expediciones que han derivado en el hallazgo de varias piezas cerámicas contemporáneas.

Cómo funciona

La base de este procedimiento es la supervisión y el seguimiento en momentos en los que se emprende un proyecto de edificación o un desplazamiento para acometer, por ejemplo, la reparación de una avería en unas tuberías.

Esta vigilancia permite detectar, documentar y protege cualquier resto de valor para el estudio de la historia de la ciudad. Es indispensable que los arqueólogos estén presentes en esta tarea para monitorizar de cerca excavaciones, remociones o acciones que puedan tener alguna consecuencia en el lugar en el que se encuentra la zona objeto de la intervención.

Habitualmente, si se descubren elementos de interés, el trabajo se detiene para facilitar su evaluación y, una vez concluida, poner en marcha medidas de protección e incluso llegar a la extracción. “Dependiendo de la zona en la que esté, se decide si se hace o no. Lo normal es que se den en los casos usuales. Eso es lo más frecuente”, explica Fernando Villada, arqueólogo municipal.

Qué hace el experto

“El experto está allí mientras se abre la zanja. Se dedica a examinar las tierras que se han extraído y los perfiles que quedan a los lados para ver si hay algún hallazgo”, detalla. “Las actuaciones siempre deben ser preventivas. Lo interesante de esta labor es encontrar los materiales en el contexto en el que aparecen”, comenta.

“Se puede pensar que esto es cuestión de suerte”, expresa. “No se trata de eso ni de buscar un cacharro. Consiste en dar con información”, detalla. El entorno en el que se hallan es fundamental para obtener un buen registro de pistas que hablen del pasado, de qué ocurrió en ese sitio hace siglos.

“Si la pieza se saca de dónde está y directamente se lleva a un museo, se pierde buena parte de los datos que contiene porque es necesario trasladarla hasta allí en unas determinadas condiciones. Esa es la función del arqueólogo”, manifiesta.

La importancia del entorno

Lo ilustra con un supuesto. “Si aparece una olla, al lado se observan restos de un fuego, en el interior de esa cazuela se perciben otras cosas y se localiza también un hornillo, todo eso puede indicar que ahí existía una cocina o un lugar donde se preparaba comida. Si solo se pilla un fragmento y el profesional lo ve a los dos días de haber arribado al museo, no sabe si ha salido de un almacén o de otro lugar”, especifica.

Si este objeto perteneciese a una sepultura, se puede dar otra interpretación de su uso ya que la misma se da en base al escenario en el que está inserto. “Esto es igual que lo que ocurre en el caso de los solares. ¿Por qué el arqueólogo pide efectuar un sondeo previo antes de que empiece a operar una máquina en el terreno si no se ha tocado el subsuelo o no ha habido ningún hallazgo?”, formula.

“Se hace para controlar qué es lo que hay o no desde el principio”, incide. “Es por ello por lo que toda la gestión del patrimonio depende de la prevención, es decir, de llegar antes de que aparezcan vestigios”, menciona.

“Cada vez que sala en un medio que se han descubierto elementos patrimoniales casualmente, no es una buena noticia en sí para los arqueólogos. Siempre debe verse con antelación. Es cierto que es imposible detectarlo todo de antemano, pero es preciso insistir en las labores preventivas para que no sea esta la norma”, traslada.

Más allá de la excavación

 Las películas y el imaginario colectivo comparten como nexo esa escena en la que el arqueólogo excava. Sin embargo, sus tareas van más allá de este proceso. La técnica como la mencionada junto con otras son la columna vertebral de la rutina del profesional.

“Estamos todo el día haciendo cosas”, cuenta. No es una mera expresión. Es un hecho que va ligado a la abundante riqueza que está enterrada en Ceuta. Es más, Villada asegura que las solicitudes de petición para perforar en parcelas son frecuentes.

“Existen muchas iniciativas en desarrollo. El patrimonio cultural local es en sí una sección completa”, concreta. No es el único que está en el campo de juego. “Hay otros compañeros de gremio que llevan a cabo proyectos. El museo también contribuye con su labor. Son muchas las personas las que están en esto”, concluye.

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