Con la marea roja no va a poder nadie, vamos a gobernar Ceuta”. Ese era el lema del PSOE en aquellas municipales en las que decidió desembarcar a por todas con una especie de proyecto político que más bien era un sobre sorpresa como los que nos comprábamos de chicos. Pagabas 25 pesetas por él y podías triunfar o no, según lo que te encontraras al abrirlo.
En aquel PSOE ocurrió lo mismo. La marea roja decidió hacer una mezcla rara, prometer demasiado y jugar sin saber dominar la pelota hasta terminar rompiéndose por capítulos.
Esta semana hemos tenido otro con el portazo -mucho ha tardado- de Hikma Mohamed y las declaraciones -de interés- ofrecidas en redes sociales por Mohamed Haidor.
De interés no porque una esté de acuerdo o no con ellas, sino porque por su gravedad merecen ser despachadas con algo más que una fotografía y un barrido de cara a la galería.
No se puede pasar por alto lo dicho por Haidor en su perfil de Facebook ni los comentarios posteriores aclarando a quién se refería y por qué. Es algo tan grave que merece mucho más de lo hasta ahora escuchado.
En el PSOE se han ido escribiendo capítulos desde que la marea roja anunciaba aquello de que nadie podría con ella. Allí, en plena campaña, ya hubo sus más y sus menos, las chispas saltaron demasiado pronto porque había mucha hambre para tan poco bocadillo.
Aún se recuerdan aquellos culebrones de verano hasta que comenzó la ruptura posterior al desgaste de una formación que busca, ahora, levantar cabeza.
El proyecto de Pérez Triano no ha cometido la torpeza de presentarse como la marea que arrasará con todo, pero sí que sigue arrastrando sombras con las que no ha querido romper y que pueden provocar desaciertos en un camino recién iniciado.
Cuando un proyecto anterior no sirve lo mejor es una renovación con todo y por todo. Cuando se arrastran herencias pueden terminar fortaleciéndose los sarpullidos indeseados.






