Opinión

Antología poética de Julio Mariscal

Poeta Autenticidad y emoción, en efecto, se desprenden constantemente de los poemas de Julio Mariscal, un poeta cuyas circunstancias personales contribuyeron decisivamente a configurar unas composiciones en las que rebosan la amargura, el sentimiento de culpa, la solidaridad con los seres marginados, la nostalgia por la infancia perdida y, muy especialmente, el amor

Julio Mariscal (Arcos de la Frontera –Cádiz-, 1922-1977) fue uno de los fundadores en su ciudad natal del grupo poético “Alcaraván” y de la revista del mismo nombre. Está considerado como uno de los poetas fundamentales de la Generación o Promoción del 50. Al cumplirse –en noviembre de 2022- el primer centenario de su nacimiento se le han tributado diversos homenajes, sobre todo en Arcos y en algunas otras localidades con las que mantuvo algún vínculo. En su memoria, el Ateneo literario de Puerto Real ha editado esta breve antología. Como explica en la presentación de la misma su Presidente, esta Institución ya había organizado con anterioridad una serie de homenajes y exposiciones en recuerdo del poeta arcense, muy querido en esta ciudad.

A mi juicio, ha constituido un gran acierto confiar la selección de poemas y el prólogo de esta antología al también poeta de Arcos Pedro Sevilla, su discípulo en la distancia, que nunca se atrevió a abordarlo en vida pero que, tras su fallecimiento, se ha encargado de difundir y estudiar su obra (es responsable y colaborador de otras antologías que se han hecho sobre él), así como de promover diversos homenajes: en definitiva, de mantener viva la memoria de Julio Mariscal y de su obra, a la que considera “una de las obras poéticas […] más auténticas de la segunda parte del siglo XX”.


Autenticidad y emoción, en efecto, se desprenden constantemente de los poemas de Julio Mariscal, un poeta cuyas circunstancias personales contribuyeron decisivamente a configurar unas composiciones en las que rebosan la amargura, el sentimiento de culpa, la solidaridad con los seres marginados, la nostalgia por la infancia perdida y, muy especialmente, el amor: podríamos afirmar que construyó su voz poética como la única posible alternativa a su existencia dolorida. Él mismo declaró que sus temas poéticos fundamentales eran el amor, la tierra y Dios. En cada uno de estos temas podemos observar una serie de matices peculiares: amor en una doble dimensión, el amor adolescente, puro y luminoso, frente al amor maduro, tan prohibido como pasional e irrenunciable; la tierra como principio de vida pero también como destino final de la misma: es la que nos acoge tras la muerte (otra de sus constantes poéticas). Y Dios, sobre todo ese Dios-Hombre, maltratado y escarnecido, frente a ese otro Dios Todopoderoso ante quien él se humilla suplicando perdón y benevolencia.

Esta antología recoge una breve selección de los poemas que componen sus diez libros publicados: Corral de muertos (1953), Pasan hombres oscuros (1955), Poemas de ausencia (1957), Quinta palabra (1958), Tierra de secano (1962), Tierra (1965), Último día (1971), Poemas a Soledad (1975), Trébol de cuatro hojas (1976). Como obra póstuma, además de Aún es hoy (1980), puede citarse también La mano abierta (2007). En la antología se incluyen también algunos poemas inéditos que publicó en revistas poéticas pero que nunca aparecieron en libros.

“Porque sé que estoy solo, / que tú y aquel y el otro no vais conmigo, / ni estáis en mí siquiera.” Así comienza su poema “Final”, que forma parte del último libro que publicó en vida (Trébol de cuatro hojas, 1976). Un sentimiento de soledad y desolación que lo acompañó a lo largo de su vida. Paradójicamente, tras su muerte (acaecida hace casi cuarenta y seis años), la voz poética de Julio Mariscal sigue más viva que nunca. Como afirma Pedro Sevilla en su Prólogo, “Desde entonces, desde la tarde lluviosa de su muerte, su obra, semilla esencial, no ha hecho otra cosa que germinar y dar frutos, gracias a su indudable autenticidad y gracias también a la labor de un puñado de poetas, de Arcos y de fuera, empeñados en su difusión y cuidado”. La muerte de Julio Mariscal hizo callar al hombre, pero también la muerte –gracias a los homenajes, a la difusión de su obra en forma de estudios y de antologías, como ésta que comentamos- ha conseguido que su honda voz poética permanezca entre nosotros, ya por siempre.

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