Patatas. Palitos de mar. Zanahorias. Guisantes. Maíz. Pimientos morrones. Aceitunas. Aceite. Huevos. Sal. Ajo. Son los ingredientes que varios alumnos del Centro de Educación Especial San Antonio buscaron ayer.
Lo hicieron en el centro comercial Parque Ceuta, con el objetivo de cocinar una rica ensaladilla rusa, lo que harán hoy mismo con los ingredientes comprados.
Unos once alumnos con edades comprendidas entre los 6 y los 16 años, todos ellos con dificultades para la comunicación, llegaron ayer al centro comercial aproximadamente a las 10 y media de la mañana. Se sientan en la mesa, y superan la primera prueba del día: pedir el desayuno. Las maestras de audición y lenguaje, las tradicionalmente llamadas logopedas, llevan preparando un mes esta salida. Así, uno a uno, los niños van pidiendo su desayuno. Como Naira, que pide zumo; es esta, precisamente, una de las bebidas que más triunfa. “Estamos muy satisfechas con la salida. También nos gustaría agradecer a Parque Ceuta la oportunidad de hacer la salida; se han portado bien con nosotros, y a Cruz Roja por el transporte desde el colegio”, asegura Lola Bruzón, una de las logopedas. Las palabras también son buenas de parte del centro comercial. Su gerente, Jesús Ferreiro, afirma lo siguiente: “Colaboramos con las instituciones; no queremos que sean sólo tiendas, sino un punto de referencia social y económico”.
Sorprende ver, pero entre maestras, maestras en prácticas, y cuidadores, hay más adultos que niños. Niños que devoran sus desayunos en la terraza de la cafetería, y después se dirigen al interior del centro comercial con el objetivo de completar los ingredientes de la ensaladilla.
“Lo cierto es que esto supone más trabajo para nosotras, las maestras. Por ejemplo, esta noche tengo que cocer las patatas para traerlas mañana”, comenta Bruzón.
Algunos niños, los que andan sin problemas, van por los pasillos con los carros de la compra, cada uno en busca de su ingrediente. Precisamente, ese es uno de los objetivos de la actividad, tal y como señala la logopeda: “Queremos que la gente vea a estos niños y lo acepte como algo normal; creemos que es algo muy importante a la hora de sensibilizar”. Tampoco es menos importante que los alumnos aprendan a desenvolverse en tareas de la vida cotidiana. Que distingan logotipos, distingan tiendas, o aprendan la distribución de los productos.
Por eso, son los propios niños los que pagan sus productos. Lo hacen ayudados por los SAAC, siglas de ‘sistemas alternativos y aumentativos de la comunicación’. Por ejemplo, un simple ordenador dirigido por un ratón facial en el que previamente se han grabado unas frases. “Hola, buenos días”. “¿Cuánto valen las aceitunas?”. “Adiós, muchas gracias”. Suficiente para comprar el ingrediente de la ensaladilla rusa. Aunque, dependiendo de la discapacidad que tenga cada niño, muchos pueden moverse y andar tranquilamente, y hablar sin necesidad de los SAAC.
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