Fuiste bendecido por el patrocinio del gran jefe José Benedicto, cuando fue consultado por si le alegraba tener su primer nieto, todo secundado por una mamá que deseaba probar la maternidad. Y él con sus poderes ocultos, pensó en esa magnificencia de poder, su apellido prolongarse una generación más, y dió el pistoletazo de salida a un nuevo Benedicto, primogénito de una saga.
Y los primeros augurios fueron buenos cuando al ir al ginecólogo allá en Barcelona, en la prestigiosa clínica Delfos, una médica me dio la noticia: era un varoncito.
Las palabras trasmitidas por teléfono fueron el culmino de una fiesta, donde los abuelos: Encarna y Pepe, volvían a la ilusión de sus sábados de desenfreno.
Y llegó la hora, un telegrama empezó el melodrama de ir a toda prisa de Barcelona a Ceuta, un Renault 5 viejo, pero con ganas de dar el callo.
Me esperaste hasta que llegué y al poco tiempo fue tu madre al paritorio.
Subiste a la habitación del hospital y allí nos encontramos un padre primerizo y un nene pequeño, yo asustado y tú muy tranquilo. Yo pensando en qué iba a hacer si lloraba y tú mirándome.
Quedaba pensar tu nombre, ya que había un montón de primos por parte de tu mamá, y no quería coincidir, y me vino un nombre tan original, como apropiado, ser el nuevo Rey de la casa, de tus abuelos paternos y entró de sopetón Alejandro.
Salistes del hospital con un flamante coche, con una lluvia fuerte, que te persigue en todos los buenos días de tu vida.
Y nuevamente tu abuelo empezó la negociación, está vez por ser el padrino de su primer nene y encima macho, con herencias muy claras del jefe, y consiguió ser tu padrino, que fuiste bautizado en la Iglesia del Valle.
Y tu abuela, con ese nombre tan raro para ella y su sentido del humor te hizo un nuevo sortilegio con su oración: Ale, ale, a la calle, para serle más fácil recordar tu feliz nombre.
Y los días transcurrieron junto a tu abuela, que te llevaba a todas partes, ya que eras un nuevo hijo para ella.
Hoy es tu día 21 de septiembre, feliz cumpleaños, querido hijo mío Alejandro José Benedicto Podadera.
Tu nombre parece de serie sudamericana, pero tu madre quería ponerle mi nombre de pila y el de tu abuelo José.
Un gran beso mi vida.
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