El capítulo aún no está cerrado. Aunque ha pasado un año, en los rostros de los vecinos de Aldaia brotan las lágrimas por los recuerdos. La DANA llenó de barro sus vidas, pero también les trajo personas con el corazón limpio. Se encuentran, entre ellas, los bomberos de Ceuta que decidieron embarcarse en un viaje hasta la población.
No solo hay rastro del dolor en su interior. Existe también en un gran rincón de su mente lo agradecidos que están con los que decidieron ayudarlos. Es por ello por lo que, los habitantes de este municipio, han decidido reconocer la labor del SEIS en aquellos aciagos días.
Los efectivos que se ofrecieron como voluntarios para viajar hasta la zona no conocían probablemente dónde estaba esa localidad. La población, que saltó a los titulares nacionales por la catástrofe, tras la tormenta, se ha volcado en mostrar su gratitud.

Reconocimiento
Durante el acto de ceremonia los colaboradores han recibido una placa conmemorativa. Después de doce meses completos sin saber nada de aquellos desconocidos que se convirtieron en amigos, repentinamente, de nuevo el pueblo volvió a esos bomberos que no dudaron en enfangarse.
No era una llamada esperada. Fue un aviso repentino tras recabar los contactos de los participantes. A raíz de ese anuncio, todos los que pudieron se han personado en el evento.
Una vez reunidos, se sentaron todos juntos a disfrutar de una comida organizada en la barriada en la que estuvieron. Más tarde, la vicealcaldesa ha dedicado unas palabras que han desembocado en emociones a flor de piel en los asistentes. Rodeados de fotografías y pancartas, han celebrado que al menos ya no almuerzan hundidos de fango y exhaustos de barrer.
A las lecturas y a la placa se han unido un abanico y un cuadro que sella cómo fue para los valencianos la llegada del SEIS en plena DANA. Cada uno de ellos ha tenido su propio testimonio, desde el que vio su coche irse en el agua hasta el que tuvo que extender su mano para sacar a un familiar del ahogo.

Reponerse de las heridas
A pesar de todo, los afectados han sabido remontar, plantar cara e incluso confrontar en persona a quien debió, desde primera hora, disculparse, admitir los errores y retirarse por respeto. A las duras y crispantes escenas del funeral de Estado le han sucedido otras repletas de calidez y agradecimiento.
El viaje también ha arrojado cómo les ha ido a los vecinos en todo este tiempo. Aunque el barro se desvaneció poco a poco de la calzada, la DANA todavía no se ha ido del todo en las calles de Aldaia.
Algunos comercios no han abierto de nuevo debido al elevado coste de retomarlos. No todas las plazas de garaje están completamente despejadas de coches o reparadas. Algunas casas aún esconden en sus rincones la huella de cómo el agua arrasó sus estancias.
Se recobran paso a paso. La pérdida material la sobrellevan, pero, la de los seres queridos la cargan a sus espaldas como buenamente pueden. El impacto también tuvo secuelas en su cabeza. No es de extrañar que, ante la llegada de las lluvias y las pequeñas inundaciones, el miedo regrese a sus puertas.

Un cuadro
Tras el marco y el cristal permanecen para la posteridad las frases cargadas de “gracias” de los vecinos. Al pie del inicio de la dedicatoria, con un “al cuerpo de bomberos de Ceuta” arranca esta especie de carta.
“Después de la fatídica noche del 29 de octubre de 2024, cuando pensábamos que estábamos solos y que la ayuda nunca llegaría, aparecisteis vosotros. Erais los primeros en llegar todas las mañanas y los últimos en iros de nuestro garaje”, mencionan.
“Descansabais lo justo para dar un bocado y aprovechar las horas de luz. Vuestra entrega fue absoluta, vuestro valor, incansable y vuestra humanidad, infinita”, aseguran. “Sabemos que muchas imágenes quedaron grabadas en vuestras retinas para siempre”, detallan.
"Mantener la esperanza"
“Eran duras, impactantes y propias de una guerra, pero, en medio del barro, la oscuridad y el cansancio, siempre supisteis mantener la calma, la profesionalidad y, sobre todo, la esperanza”, manifiestan.
“Con vuestras manos levantasteis no solo vehículos y escombros, sino también el ánimo de quienes lo habíamos perdido todo. Cada gesto, cada palabra y cada mirada de aliento fueron una chispa de luz en pleno caos”, indica.
“Vuestra presencia fue mucho más que una ayuda material: fuisteis consuelo, fuerza y símbolo de la solidaridad. Nos recordasteis que, en los peores momentos, siempre hay personas capaces de poner el corazón por delante del miedo”.






