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El alcalde contribuye a cargarse la Navidad

El alcalde Juan Vivas parece empeñado en competir con su compañero de partido, el alcalde de Vigo, para ver quién coloca más luces navideñas en las calles y quién las enciende antes. Una carrera absurda que poco tiene que ver con el verdadero espíritu de la Navidad y mucho con el espectáculo, el despilfarro y el consumismo.

Lejos de mejorar, Vivas parece ir cada día un paso más allá, dispuesto a cargarse la auténtica Navidad y, con ello, la ilusión tanto de niños como de mayores. Se podría decir, sin exagerar, que está prostituyendo la Navidad, convirtiéndola en una excusa para fomentar un consumismo puro y duro que nada tiene que ver con su esencia.

No se entiende que el alumbrado navideño se encienda el 22 de noviembre, salvo por el interés de incentivar el gasto durante más tiempo. A esto hay que añadir el elevado consumo energético y la escasa sensibilidad medioambiental que demuestra una medida así. En una época en la que se habla constantemente de sostenibilidad, decisiones como esta resultan incoherentes y poco responsables.

Lo razonable sería que las luces se encendieran en fechas próximas al inicio de las vacaciones escolares. No hay que olvidar que los niños son los principales protagonistas de la Navidad y que adelantarla casi un mes solo consigue desconcertarlos. Mientras las calles ya parecen de diciembre, a ellos aún les queda casi un mes de colegio, rompiendo por completo la magia de estas fechas.

Comenzar una festividad antes de tiempo con el único objetivo de aumentar el consumo no debería permitirse. La Navidad es la Navidad, y como tal debería respetarse. Nadie, por muy alcalde que sea, tiene derecho a hacer lo que le dé la gana con tradiciones que forman parte de la identidad colectiva.

Además, un alumbrado navideño excesivo dice mucho —y no precisamente bueno— del ayuntamiento que lo promueve. En su afán por innovar (y gastar), este año se han instalado decoraciones cuya silueta recuerda sospechosamente a un pene. Un detalle que, lejos de embellecer la ciudad, la ha convertido en objeto de burla a nivel nacional. Lo que parece un pene luminoso, más propio de la entrada a un sex shop que de una decoración navideña, se ha hecho viral en redes sociales, dejando a la ciudad en evidencia.

Para terminar, conviene recordar que la Navidad no debería servir para fomentar un consumismo salvaje ni para que algunos ayuntamientos, más preocupados por ganar votos que por preservar valores, prostituyan su verdadero significado.

La Navidad es ilusión, convivencia y tradición, no una campaña comercial encubierta ni un concurso de luces sin sentido.

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