Casi dos millones de españoles viven con baja visión, en su mayoría provocada por sufrir degeneración macular asociada a la edad (DMAE) o glaucoma. La baja visión se puede definir como cualquier limitación de la agudeza o el campo visual que incapacita a la persona para desarrollar tareas de su vida cotidiana.
“Esta incapacitación lleva aparejadas limitaciones en la independencia personal que afectan a la calidad de vida de las personas y suelen ir acompañadas de un deterioro cognitivo, muchas veces asociado a la edad y otras veces a la depresión”, explicó Begoña Gacimartín, profesora de Optometría Geriátrica y Baja Visión de la Universidad Europea de Madrid.
La DMAE y el glaucoma son dos de las principales patologías que causan baja visión, aunque con efectos diferentes. La primera afecta a la parte central de la visión, lo que restringe actividades como leer, reconocer un rostro... La segunda produce una restricción periférica del campo visual.
Gacimartín explica que lo fundamental es que “el paciente se rehabilite en todas las actividades a las que no quiere renunciar, teniendo en cuenta sus objetivos individuales: ¿qué quiere hacer esa persona que no puede hacer por culpa de su afección? Casi todas esas actividades pueden ser rehabilitadas en la mayoría de los casos”, afirma.





