Se llamaba El-Halla Fetoch y era como la abuela de todo el barrio. Una viuda de regulares de las más antiguas, un símbolo para todos los vecinos del Poblado de Regulares y Los Rosales. Ha muerto en Ceuta a los 94 años de edad, se ha llevado parte de una historia compartida de amor y respeto.
La familia de Malika Sadik la cuidó y acompañó durante toda su vida, ya que El-Halla no tuvo hijos.
Los vecinos la definen como una persona “muy humilde, simpática, noble y muy querida en toda la barriada”. Era historia de esa vida de muchos hombres y mujeres relacionados con los orígenes de regulares.
Con su muerte se marchan muchos sentimientos de respeto y amor hacia El-Halla, pero también parte de esa historia que ha tenido sus raíces en Ceuta asociada a los regulares, pero también a las viudas que dejaron.
“Era una señora muy viva que amaba la vida, en las últimas elecciones fue hasta a votar tanto en las elecciones municipales como en las generales. Todos los vecinos contaban con ella”, rememoran quienes la conocían.
Era como una “madre y abuela” para todo el barrio, protegida como se ha hecho con todas las viudas de regulares que han constituido un tesoro para estos residentes.
“Más no se que decir es que era una madre y abuela para todo el barrio, en los años noventa vendía huevos en su casa y el que quería huevos iba a tocar a su puerta para venderle 50 pesetas o 100 pesetas de huevos”, explican.
Su amiga íntima y vecina era El-halla Lamkulkum, con la que pasaba las tardes tomando te y hablando de sus vidas.
A sus 94 años, esta viuda de regulares, vivía en su casa de toda la vida. Su marido luchó en la Guerra Civil, formaba parte de esas mujeres que han integrado la historia de Ceuta.
Todas ellas han sido mujeres luchadoras, que han dejado su huella, siendo además como unas madres o abuelas para unos vecinos que las protegen y cuidan porque saben que son su particular tesoro.
Las viudas de regulares han encarnado esa historia de respeto y protección que muchos han sabido detectar.
Las viudas de regulares constituyen esa joya, esa leyenda que representa parte de la historia olvidada de España.
Ellas son las viudas y huérfanas de aquellos soldados regulares que combatieron con Franco y que se llevaron en vida la promesa de unos derechos que nunca han sido reconocidos.
En su memoria y en sus corazones, estas viudas y descendientes de regulares han guardado siempre los agravios sufridos e incluso el olvido de las instituciones, pero sus vecinos nunca las dejaron, siempre las ampararon y protegieron.
Ellas fueron y son mujeres luchadoras, víctimas también de esa soledad que tuvieron que soportar para criar a sus hijos mientras sus esposos estaban trabajando por un país que luego no les respondió con los reconocimientos debidos.
No fue hasta hace unos años cuando, previa aprobación en pleno, se acordó que los regulares y sus viudas tuvieran un reconocimiento, que llegó con la colocación de una placa en el conjunto monumental de las Murallas Reales.
Se hizo además coincidiendo con la entrega de la Bandera Nacional de España a las tropas regulares de Ceuta por parte del rey Alfonso XXIII.
Fue un gesto que vino a llenar un vacío o, mejor dicho, un olvido como el que sufrieron los regulares y sus viudas durante tantísimo tiempo.
De esta forma simbólica, al menos, se dejó en su lugar a quienes han sido historia de esta tierra, aunque los reconocimientos hayan llegado demasiado tarde.
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