Un sistema que se quiere extrapolar a la ESO y supone acabar el curso antes de las vacaciones de verano

El Consejo de Gobierno de la Universidad de Granada (UGR) aprobó en mayo la modificación de su calendario académico que conlleva la desaparición de los exámenes de septiembre y la conclusión del curso antes del periodo vacacional de agosto. De este modo, los exámenes de recuperación del curso 2017-2018 se realizarán en febrero mientras que la convocatoria de septiembre pasará a celebrarse en julio.

La UGR, de la cual dependen las facultades de Ceuta,  enmarca este paso en “la progresiva implantación en la mayoría de las universidades públicas españolas de un calendario en el que la convocatoria de exámenes extraordinarios tiene lugar antes de las vacaciones de verano”. Su equipo de gobierno sostiene en una nota que el adelantamiento de los exámenes de septiembre ofrece ventajas académicas y administrativas.

Los universitarios de la Facultad de Educación, Economía y Tecnología y de la Facultad de Ciencias de la Salud son, junto al resto de compañeros de la UGR, los ‘conejillos de indias’ con los que este año ‘experimentarán’ esta medida. Alberto Illescas, estudiante de segundo de Dirección y Administración de Empresas (DAE), explicó que este adelantamiento resulta “estresante” para el alumnado después de hablar con sus compañeros por su condición de delegado. Mientras que profesores sostienen que todo ha sido “muy rápido” y han tenido que adaptar los temarios “deprisa y corriendo”. A su juicio, “beneficia más que nada a la administración porque, conociendo ya los expedientes de los alumnos que aprueban o suspenden en junio, todo eso agiliza la parte administrativa para poder empezar un nuevo curso a partir del siguiente septiembre”.

Illescas quiere ser “positivo” respecto al nuevo calendario porque “se agradece no tener que estudiar en verano”, sin embargo, eso tampoco impide que los universitarios tengan sus “dudas” porque son los primeros y tendrán que comprobar cómo funciona este nuevo sistema. “El problema está en que si abandonas una asignatura, porque no puedes dedicarle el tiempo necesario, difícilmente puedes aprobar en dos semanas una materia de cuatro meses con todo lo que conlleva eso”, razonó este universitario. Cada estudiante, desde su “madurez”, puede elegir a qué asignaturas presentarse en cada convocatoria, pero el volumen de trabajos, asignaturas y otras ocupaciones “puede precipitar, en determinados casos, muchos suspensos”. Aunque, como reconoció Illescas, a aquellos que lo tienen todo aprobado no les afectaría.

En consonancia con esta medida organizativa, el Foro de la Educación de Ceuta acordó proponer a la Dirección Provincial del Ministerio de Educación que en el año académico 2018-2019 dé a los centros que imparten Secundaria y Bachillerato la posibilidad, si quieren y a modo de experiencia piloto, de adelantar a junio la convocatoria extraordinaria de exámenes para el primer ciclo de la ESO (de primero a tercero) que tradicionalmente son en septiembre. Para su presidente, Francisco Mateos, consiste en la aplicación de la metodología de la evaluación continua en un periodo educativo que está, además, contemplado en la legislación vigente y que ya es de aplicación en otras autonomías.

Aunque pueda interpretarse a nivel popular como el traspaso de los exámenes de septiembre, Mateos argumentó que en realidad, lo que el profesorado hace, “no es proponer una última oportunidad en esa fecha, sino que intentarán poner en valor la continuidad de una evaluación de rendimientos a lo largo de todo el curso, de tal forma que no se repite un examen, sino que lo que se hace es una constatación recuperadora de algunos aspectos que no hayan quedado bien aprendidos en el tiempo que ocurrió”.

En alusión a las declaraciones de Illescas, el presidente del Foro de la Educación ratificó que como dijo este alumno no se trata de memorizar unos contenidos sin haber desarrollado unas habilidades que, si no se han adquirido durante el curso, resulta bastante complicado hacerlo en dos semanas. “Ahí es donde radica la dificultad, pero claro, todos los profesores tenemos que estar de acuerdo en darle esa vertiente de aprendizaje a nuestras materias y diluir un poco de contenido memorístico repetitivo que se puede poner en los exámenes”, señaló Mateos.