La decisión adoptada ayer por la naviera Acciona es el más claro ejemplo de la burla que una compañía puede hacer a todos los ceutíes.
En plena finalización de las vacaciones de verano, en un fin de semana considerado crítico y en el que se espera un movimiento de viajeros espectacular, Acciona decidió disparar los precios de los billetes castigando, en concreto, a los residentes en la ciudad. ¿Y cómo? Con incrementos de hasta el 100%. Una inmoralidad con la que abofetea a unos residentes que se ven obligados a hacer uso de la autopista del Estrecho sometiéndose a una compañía que actúa de forma pirata.
Acciona actúa a sabiendas. Sabe que se mueve dentro de los márgenes de la legalidad, alcanzando la tarifa máxima permitida, lo que se traduce en que un pasajero con coche tendrán que pagar 185 euros, cuando antes abonaban 92. Si hablamos de un matrimonio con coche, la cifra asciende a 240 euros. En el caso de quienes embarcan sin vehículo, el aumento, como en los otros casos, se duplica.
Sin lugar a duda, Acciona ha mostrado su faceta más inmoral e indecente hacia el ciudadano. Las propias agencias de viajes recibieron esta decisión por sorpresa, sin saber siquiera hasta qué fecha estarán vigentes. De hecho la propia naviera mantiene estos precios en su web incluso hasta el próximo octubre. La diferencia entre el precio que abona un ceutí y un peninsular se acorta drásticamente porque el castigado es el primero.
Las administraciones se ven atadas a la hora de poder castigar este tipo de actuación por cuanto saben que no han cometido ilegalidad alguna. La penalización que se aplica al ceutí supone un claro ejercicio del despotismo de una compañía que no se oculta a la hora de mostrar el desprecio absoluto que puede tener por unos residentes que se ven obligados a duplicar el gasto en una travesía que, de por sí, es de las más caras. ¿Es entendible que, con la subida planeada y ordenada por Acciona, cruzar el Estrecho se convierta en un tránsito de lujo? Cualquier viaje al extranjero o trayecto dentro de la península resulta notablemente más barato que el atraco a mano armada que acaba de aprobar la naviera digno de la piratería más bajuna.
Al menos moralmente, Acciona debería tratar con más respeto a los ciudadanos. Pero ha decidido no hacerlo. Su política de imagen y su cartera de beneficios no les obliga a adoptar este tipo de medidas que, haciendo números, no les va a reportar más que el malestar de un ciudadano, el ceutí, al que de nuevo le pisotean sus derechos.
El enojo de las administraciones era ayer monumental. La propia Delegación del Gobierno no ocultaba su malestar ante un movimiento indecente que ha causado la sorpresa de todos.
¿A qué obedece una decisión que, además, ha sido adoptada a traición, sin publicitarla, sin ofrecer una explicación al ceutí quien, cuando menos, debe ser tratado con respeto?, ¿por qué Acciona decide penalizar de esta manera al residente, qué es lo que persigue ejerciendo, de manera despótica, una política de precios agresiva, aberrante, inmoral y que supone todo un atraco hacia la población caballa?, ¿qué explicación va a dar a quienes hace 24 horas han marchado en esta misma naviera por un precio y tienen que volver con otro que lo duplica?, ¿qué justificación guarda para avalar ese incremento de los precios?
En esta alocada carrera de pisoteo al consumidor, en ese desprecio absoluto que se tiene hacia el ceutí como usuario obligado de una línea en la que, sin explicaciones, retiran barcos, suspenden horarios, alteran salidas... llega esta bofetada sin manos.
Las administraciones quizá no puedan actuar legalmente contra la empresa, pero sí deben, por amparo de todos los afectados, ejercer su protesta sin miramiento e incluso acudir a los foros adecuados para que un acto de este calado no quede sin respuesta.
No es tiempo de piratas, lo es de respeto. Hoy, los ceutíes, hemos sido pisoteados, víctimas del atropello de una naviera que con actuaciones así no hace sino reirse de todos los ciudadanos.





