Hace muchos años, el patio del comienzo de Claudio Vázquez a la sombra del Cuartel de Regulares era un lugar tranquilo donde se respiraba una estrecha vecindad y, sobre todo, familiaridad. Algo que, ahora, echan mucho de menos los actuales inquilinos, que llevan más de cuatro décadas residiendo en un lugar en el que, dicen, no habían tenido problemas y que se ha convertido en una especie de cárcel, ya que temen dejar sus casas solas por la actuación de algunos MENA que ocupan el albergue de Hadú. “Tenemos miedo a que entren y hagan algo, algunos chavales siempre se están escapando, utilizan malos modos y palabras, andan por encima de nuestros tejados y estamos muy intranquilos”, lamenta Mohamed Lahassen. Tiene 64 años, seis hijos, once nietos y lleva “prácticamente toda la vida en esta vivienda en la que ahora, para unos años que me quedan, no puedo disfrutar de la tranquilidad que necesito con cuatro operaciones de corazón a mis espaldas”. Que le roben la fruta de los árboles de la huerta es lo de menos. Lo que le preocupa es que se cuelen dentro y suceda algo que nadie quiere. “Estoy cansado de ir a pedir cuentas al centro, al área de Menores... todos me conocen y me dicen que pondrán un muro para que no salten a mi propiedad, pero no es verdad y ya estoy cansado, llevo así más de un año”.
A su lado, Abselam Chelaf se une a las reivindicaciones de su vecino. Llegó en 1964 a una vivienda que ahora tiene incluso los techos abombados porque algunos menores del centro los usan como paso del muro a la calle a diario. En esa zona justamente existe un punto ciego de la cámara de vigilancia y los internos aprovechan para salir por ahí. Con 78 años, explica que esta misma semana al no poder dormir y vivir en estado de angustia tuvo que ir al médico por una subida de tensión. “Simplemente pedimos respeto y no lo hay. Claro que tengo miedo a que pase algo y cuando salgo a rezar temo que los menores entren”. Abselam cree que no es tan complicado elevar el muro y cortar ese paso. Además, recuerdan que lo habían prometido pero “que apenas es un salto de 30 centímetros desde el muro que separa el albergue hasta nuestras casas y ya se han acostumbrado a utilizarlo de paso”.
Desde la Asociación Vecinal de la barriada Poblado de Regulares, el presidente, Alí Hamido, lamenta que no se hayan cumplido las promesas y no hay día que no reciba las quejas de los vecinos que ya no soportan la situación. “Nos hemos callado, hemos aguantado pero la gente está muy descontenta y tememos que el problema se agudice”, reconoce exigiendo a las autoridades que tomen medidas ante la situación.
No comprenden por qué algunos menores no están en el colegio por las mañanas, se escapan del centro cuando quieren y utilizan no sólo el paso por los tejados de los vecinos sino el de la pista deportiva que tiene el vallado roto. “Esta misma semana han atracado a una vecina al salir del taxi y han sido los propios vecinos los que les persiguieron y les llevaron al centro”, comenta un vecino junto a varias mujeres que explican que “el malestar es evidente”. Los vecinos piden que se solvente el problema.
Las quejas del vecindario se producen en un momento en el que ya se ha aceptado que el albergue sea, en un futuro próximo, nueva sede para la Jefatura Superior de la Policía Nacional. La Ciudad espera que el nuevo centro esté pronto para conseguir este traslado.








